Cuando el nombre de Rafa Benítez empezó a sonar como posible entrenador del Real Madrid, se me vino el mundo encima. Ni me gustaba, ni me ilusionaba. Al final, mis temores se hicieron realidad y Florentino Pérez lo presentó en esos días en los que una le dedica más tiempo a la piscina, la playa y las terrazas que a las redes sociales y los periódicos. Lo vi emocionarse, estar realmente encantado y feliz de ser el entrenador del club más grande del mundo y a mí, que soy una sentimental, me ganó por completo.Vi madridismo en sus ojos y eso me bastaba parar confiar en él. Además, como no puede ser de otra manera, el madridista tiene que estar con su entrenador, sea el que sea, hasta que los resultados indiquen lo contrario. Y que los buenos o malos resultados sean culpa del técnico es otro tema. El Madrid arrancó la temporada con un empate en El Molinón y a partir de ahí fue escalando posiciones, llegando a ocupar el liderato durante varias jornadas consecutivas, con un fútbol que no enamoraba pero que era práctico. Al fin y al cabo, el resultado es lo que cuenta y después de una temporada en blanco yo lo que quiero son puntos, me da igual de la manera en que éstos se consigan. Cada vez que el Madrid tenía la oportunidad de aventajar más al Barcelona, desaprovechaba la oportunidad. Y así, empatamos en el Calderón, perdimos en el Pizjuán, nos humillaron en el Bernabéu, hicimos el tonto en El Madrigal y dejamos escapar vivo al Valencia. Benítez se comió el turrón y las uvas en el Real Madrid, pero al roscón de Reyes no llegó.

 

Y, de repente, Zinedine Zidane. Y fue como volver a nacer en mi madridismo. Zizou como entrenador es un misterio, pero ningún madridista puede decir que no le ame. Si Benítez me ganó con sus lágrimas, Zidane terminó de hacerse conmigo cuando dijo que iba a poner el corazón. Zidane es Dios. El entrenador del Madrid nunca puede ser un hombre al que se pueda humanizar, hacer de carne y hueso. No puede comerse un bocadillo en el descanso como si fuera un peñista en el cuarto anfiteatro. El hombre que entrene al Real Madrid debe ser siempre una deidad, alguien que esté lejos del alcance de cualquier mortal. Alguien a quien el traje le caiga perfecto sobre su cuerpo, con una sonrisa impoluta, una familia bonita y una vida de ensueño. Si además lo ha ganado todo y ha sido uno de los mejores futbolistas del mundo, mejor.

 

 

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Zidane es el elegido, el hombre que ha llegado para alimentar nuestro optimismo, el sueño de la Undécima y de la remontada en Liga, el entrenador que nos haga salir del letargo, que calme nuestro histerismo y desparrame ilusión. Se me llenaron de amor las manos cuando lo vi aparecer por el túnel del vestuario, a punto de empezar su primer partido como entrenador del Real Madrid. Zizou, la leyenda, el mejor gol de la historia de la Champions League. La Novena como jugador y la Décima como segundo entrenador. No tengo miedo a que el Madrid estornude. Forma parte del firmamento de estrellas que conforman la plantilla, alguien con más nombre que muchos de los actuales jugadores. Él se lo ganó. Ojalá sueñen con igualarle, ojalá en cada partido quieran demostrarle a su entrenador que pueden ser tan grandes como él fue.
Una mira al madridismo y lo encuentra sonriente, como habiendo olvidado la angustia aunque los tiempos no sean de esplendor por el lugar que el equipo ocupa en la tabla clasificatoria. Ahora soñamos. Soñamos con ser una apisonadora, con dominarlos a todos, con que Zidane encuentre la tecla que active el hambre y la actitud de los jugadores, que todos sean piezas claves en una temporada plagada de éxitos. En esas estamos, en un sueño que ojalá no sea efímero, sino que se convierta en realidad allá por el mes de mayo, cuando la Cibeles empieza a pintarse los labios por si se tiene que hacer la foto con el madridismo.
Que esta renovada ilusión no se quede en tierra de nadie, que el equipo funcione y que Zidane obtenga como entrenador los mismos éxitos que logró siendo futbolista. En su sonrisa veo confianza y en su gestos viven las ganas. Zidane es Dios y si los astros se alinean a su favor debería ganar como entrenador lo que ya consiguió para el Real Madrid como jugador y segundo entrenador. Que el fútbol no le niegue como entrenador todo lo que él dio a este deporte como jugador.

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