Después de ganar la Undécima el tiempo se paró, que es lo que suele pasar cuando termina un partido del Madrid y empieza el siguiente. La Supercopa de Europa es un trámite que el Madrid debe solventar sí o sí, sin estridencias pero con plasticidad. Un título más. Sin necesidad de ir a Neptuno como algunos a celebrarlo ni de pasear por Sevilla en autobús descapotable tras lograrlo. El Madrid no cae tan bajo. El Madrid celebra los títulos menores dándole la importancia que merecen, la justa y necesaria.

 

El verano roza el tiempo de descuento y el césped del Bernabéu ya desprende olor a fresco. Vuelve la Liga, vuelve el Madrid, con permiso de los siempre fastidiosos parones para que juegue una selección española que ilusiona tanto como un lunes.

 

He pasado el verano pasando a limpio todos los recuerdos de la Undécima, regateando bilis en el interior y en la costa, observando en cada paseo marítimo cómo ha decrecido el número de niños que visten la camiseta del Barcelona. Por cada niño culé, había cinco madridistas. Es lo que tienen las modas, que pasan.

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Ya queda menos. Al final del camino, cada vez más cerca, se vislumbra un cartel luminoso que anuncia que el domingo juega el Madrid. Qué ganas tenía de volver a decirlo: juega el Madrid. Vuelven las guerras de bufandas, el fondo sur y el fondo norte. Volverá el árbitro a robarnos y el periodismo a desprestigiarnos. Vuelven los córners, los remates de cabeza, los penaltis que van al palo y qué risas a costa de Juanfran en cada bar este verano. Vuelven los desmarques, los saques de puerta, los saltos de trampolín de los que visten de azulgrana y Cristóbal Soria incapaz de dejar de mear de la risa.

 

Vuelve el caos más ordenado, el sentimiento más verdadero, el abrazo de gol al que tienes al lado y las tarjeras rojas a Sergio Ramos. Vuelve el amor más incomprendido, los despejes de puños, los momentos inolvidables, la demagogia de Simeone.

 

Vuelve el Madrid con todas sus cosas, con sus Copas de Europas y su camiseta nueva. Volvemos al Bernabéu, que es regresar a casa y hasta vuelve Morata, que nos sacó de una final de la Champions y lo gozó, pero bueno, el chaval es canterano y va siempre afeitaíto y bien peinado, vamos a bancarlo. Vuelve el Real, que es como volver a la vida, después de un tiempo de mar y de lecturas, de ver pases de Modric con el exterior del pie en cada ola.

Vuelve la Liga. ¡Hala Madrid, hombre!

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