Arranca hoy sobre una alfombra verde un nuevo curso balompédico, una nueva temporada futbolística que nos trae el mejor regalo que se le puede hacer a un aficionado al deporte: volver a ver al Real Madrid. Quiere el destino que sea en Gijón donde el club de nuestras vidas vuelva a echar a andar hacia la trigésimo tercera liga de su historia, esa que tanto se hace de rogar y que no debe, por ende, tardar demasiado en caer, ya que si a algo está acostumbrado esta entidad deportiva es a no estar mucho tiempo sin ganar nada.
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Comienza una competición que viene tras un verano sin fichajes glamourosos, sin torneos internacionales, con renovaciones y con salidas, con polémica, tensión y recelo y con la llegada del que es, a todas luces, el entrenador con menos carisma del panorama futbolístico internacional. El Madrid inicia hoy una andadura de nueve meses con todo eso sobre sus espaldas, con el cántico fiel de sus seguidores y los alaridos maliciosos de la jauría que desea verlo caer. Un año más luchando solos contra todos, como únicamente los más grandes están llamados a hacer.
El Sporting sólo es el primer paso de una larga caminata que debe acabar, Dios mediante, allá por el mes de mayo con un nuevo capitán alzando al cielo de Madrid un nuevo trofeo, pues no debe caber otra posibilidad en la mente de todos más que esa: salir campeones de Liga después de demasiado sin serlo.
Hoy vuelve el equipo a correr sobre un terreno de juego, el cuero a volar de un pie al otro, la pasión a desbordar el alma de cientos de millones de personas, la emoción a sobrevolar el Santiago Bernabéu, la alegría al rostro de un público deseoso de fútbol, la bilis a rezumar por los poros de aquellos que nos odian y, sobre todo, hoy retorna un sentimiento que nunca se pierde por muchos símbolos que se nos vayan o nuevas incorporaciones que lleguen: la ilusión eterna y permanente por ver la camiseta blanca del Real Madrid derrotando a cualquiera que intente hacerle frente y el escudo del club más grande del mundo en lo más alto del Olimpo futbolístico. Como siempre así fue y siempre así será.

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