La situación tras la derrota en Mestalla dejaba un ambiente que no pintaba especialmente bonito para el conjunto del Zidane. El Barça había ganado al Atleti y, o se ganaba, o se perdía temporalmente la primera plaza. Lejos de entender la situación, o al menos parecerlo, el Madrid volvió a salir con esa caraja que tanto daño nos hace, y eso que estaba el once era de gala. Zidane alineó a los 11 jugadores que más alegrías le han dado y que, seguramente, más confianza le inspiren. Keylor; Carvajal, Pepe, Ramos, Marcelo; Casemiro, Kroos, Modric y la BBC. Pues bien, ni siquiera la situación en la que se sostenía fue suficiente aliciente para un Real Madrid apático en ataque y frágil en defensa. El Villarreal poco a poco fue doblegando y obligando a replegar al conjunto blanco hasta sostener sus dos líneas en campo propio durante demasiado tiempo, donde más sufre. Además, Escribá vio claro el punto débil de una defensa que hace aguas en el sector izquierdo salvo noches contadas de Marcelo. Samu Castillejo a pierna cambiada atacó una y otra vez el espacio hasta perpetuar una brecha en esa zona.

Ya en la segunda parte, la evidencia pasó a tomar relevancia. Trigueros primero, y Bakambu después pusieron contra las cuerdas al Madrid y, entonces, Zidane reaccionó. Isco entró por Casemiro, Toni retrasó su posición, mejoró la salida blanca y el juego entre líneas comenzó a fluir gracias al malagueño. De sus pies nació el primero blanco, abrió a la derecha, Carvajal la puso y Gareth no perdonó. Como tampoco lo hizo Cristiano desde los once metros tras una mano de Bruno. Fue el momento de entrada de Morata, que empieza a susurrar a la épica blanca cada vez con más frecuencia. No iba a ser menos esta vez, y tras un centro Marcelo, acabó colocando el balón en la red. Del 2-0 al 2-3, otra vez tirando de épica y demostrando que también sabe jugar a esto del fútbol el Real Madrid. El problema viene de los 60 primeros minutos, donde la imagen fue terriblemente pobre. Al final, lo importante, como dijo Zidane, fue sumar los tres puntos y saber que la plantilla está enchufada, que las aportaciones del banquillo dan resultado y que, aunque quede mucho, el Madrid quiere esta liga.

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