Si el sábado salimos del Wanda Circo Romano a once puntos de distancia del Barcelona, se habrá terminado la Liga. Si mantenemos la distancia o la recortamos, habrá vida y esperanza. Cada partido se ha convertido ya en una final, sin margen de error. Dar el campeonato doméstico por finiquitado a principios de noviembre sería un ridículo de dimensiones mundiales.

Por eso y por el rival, toca ponerse el traje de Supercopas, ese con el que en agosto maravillamos a Europa frente al Manchester United y humillamos al Barcelona con diez y con doce ellos. El Atleti anda más o menos como nosotros. Los dos equipos con las ideas claras. Los del Cholo a marcar un gol y guardarlo hasta que termine el partido y los de Zidane a meter centros a ver si alguno termina dentro de la portería.

 

Va a ser la guerra. Primero porque el Atleti convierte en batalla campal cada enfrentamiento con el Madrid y segundo porque para el Madrid es un duelo a vida o muerte. Habrá que salir, por ello, con todo. Con la concentración necesaria, con las ganas a flor de piel, con la intensidad en cada centímetro del cuerpo, con la inteligencia milimétricamente calculada, con la puntería afinada y con el fútbol en las botas.

 

El Wanda Circo Romano cantará muy alto. Se trata de callarlos. Simeone nos trazará una perfecta encerrona en la que expulsar a Casemiro será su principal baza. Se trata de ir con sangre fría. El árbitro se hará el ciego cada vez que un jugador del Madrid caiga dentro del área. Se trata de tener la seguridad de que no nos pintarán ningún penalti a favor. En contra ya es otra cosa. Se trata también de no resucitar a Griezmann, de no hacer a Oblak mejor portero de lo que ya es, de que Simeone no apriete los puños, sino los dientes, de hundirlos más si cabe en esa depresión que los tiene casi fuera de esa Champions que por lo visto el fútbol les debe. Se trata de dejar de conceder en defensa, que el mejor centro del campo del mundo carbure de nuevo y que los de arriba manden la pelota a la red, pero por dentro de la portería.

 

El último derbi en el Calderón terminó con la bandera del Real Madrid sobre su césped y el primero en el Wanda debe empezar con nuestras bufandas al viento después de los noventa minutos. No nos vale otra cosa. Nos espera la vida o la muerte. La Liga o la desolación. Sólo una victoria ante el Atleti nos haría olvidar Gerona y Wembley. Sólo salir victoriosos del feudo rojiblanco nos reconciliaría con el equipo. Si quieren, pueden.

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