Al final tenían razón. No lo podemos entender. No lo vamos a entender nunca.

No podemos entender que Simeone celebrara un empate en el Bernabéu y ayer, que ganó, no lo hiciera. No podemos entender que un club que no tiene ninguna Copa de Europa se jacte de ser grande, ni que sus aficionados se vanaglorien de ser una afición ejemplar cuando van deseando la muerte al rival y, en ocasiones, hasta la llevan a cabo.

No podemos entender que se conformen con esos veinte minutos en los que se lo hicieron pasar mal al Madrid. Nosotros somos más de vivir jugadas como la de Benzema y celebrar estar en una final. No podemos entender que se sientan orgullosos de cantar y aplaudir muy fuerte bajo la lluvia, como si eso no lo hubiese hecho nadie alguna vez estando borracho en la calle. No podemos entender que se acuerden tanto de la memoria de Luis Aragonés y a otros muertos los celebren y jaleen. No podemos entender que se juegue el último partido europeo en su estadio y no sean capaces de remontar. El Madrid nunca dejaría que su máximo rival mancillara así su casa.

No podemos entender que los eliminemos un año tras otro y salgan diciendo lo felices y contentos que están. Nosotros jamás podríamos entender eso de nuestros jugadores. No podemos entender que digan que son temidos en Europa cuando el Real Madrid tiene más Champions que ellos Ligas y Cristiano más goles en la competición que todos ellos juntos en toda su historia. Pues no, no lo podemos entender. No podemos entender que sean más antimadridistas que de su propio equipo, ese odio, esa bilis que supuran, esa rabia que se les genera…Pues no, no lo podemos entender. Ni tampoco ese juego sucio, tanta violencia, como si tuvieran a un pareja de Latin Kings en el banquillo llamados Simeone y Germán Burgos.

 

No podemos entender que estén orgullosos de perder. Nosotros, después de una derrota, nos cabreamos mucho. No sé…igual es que aspiramos a más; igual es que no somos unos segundones mediocres que se conforman con cantar muy alto antes que con ver sus vitrinas llenas de títulos. Son cosas imposibles de entender.

 

Nosotros somos más de sentir. Más de corazón que de cabeza; más de sentimiento que de raciocinio; más de vivirlo que de imaginarlo. Por eso nosotros sabemos qué se siente al ser campeones de Europa. Sabemos la alegría que invade el cuerpo al eliminar a tu rival por cuarta temporada, la felicidad con la que nos vamos a la cama y la sonrisa con la que nos levantamos. Nosotros sabemos lo que se siente al echarle el cerrojo al Calderón poniendo el escudo del Madrid sobre el césped, escuchando el grito de nuestros jugadores en su vestuario. Sabemos, en definitiva, lo que es ser madridista sin que nadie venga a darnos lecciones de demagogia e hipocresía. Sabemos lo que es porque sentimos al Real Madrid. No lo queremos entender.

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