Por los que en cada inicio de temporada renovamos ilusiones, le ponemos todas las ganas y todo nuestro empeño. Por los que cada fin de semana acuden al Santiago Bernabéu sin más intenciones que animar a su equipo, por los peñistas, que vuelven en autobús a sus casas viajando durante toda la noche. Por los que cruzan el charco después de meses organizando el viaje para cumplir el sueño de pisar por primera vez Chamartín. Por los que nunca lo han hecho y sueñan cada vez que se van a la cama con poder ver algún día el templo blanco. Por Indonesia entera, donde hay un madridismo inmenso. Por los que se desplazan con el equipo, ya sea en Liga o en competición europea, sin importar el coste, la ilusión no tiene precio. Por los que aún están en Kiev tirados en el aeropuerto esperando que salga su vuelo.

 

Por los que en cada cumpleaños, en cada noche de Reyes o en cada ocasión especial regalan madridismo. Por los que visten a sus hijos, sus nietas o sus sobrinas con el escudo del mejor club del mundo. Por los que paralizan su vida cada vez que juega el Madrid, desdeñando cualquier otro plan. Por los que viven en Cataluña, territorio hostil donde los haya. Auténticos héroes anónimos.

Por todos nosotros, cada uno con sus hábitos, sus rituales, sus supersticiones, que sudamos durante los noventa minutos como si también corriéramos detrás de la pelota. Por los que mantienen la fe hasta el último segundo, los que no se bajan del carro porque en realidad no tienen ninguno. Es imposible no ser del Real Madrid ni un segundo de nuestras vidas. Por los que nos acostamos cabreados y nos cuesta conciliar el sueño después de una derrota. Por los que nos levantamos con la felicidad más plena con cada victoria.

Por los que sentimos a este club como una parte más de nuestro cuerpo, otro corazón, otro pulmón. Por los que sufrimos dejándonos años de vida en esta pasión infinita. Por los que creemos que ser madridista, ya sea por casualidad, desde la cuna o por decisión propia, es lo mejor que nos ha pasado en la vida.

Por los que defendemos nuestros colores a ultranza, por los que llevamos la bandera, la bufanda o la camiseta como el más preciado tesoro. Por los que lloran sin remedio con las hazañas de su equipo y por los que no pueden aguantar las lágrimas tras una humillación. Por los padres que le dejan el madridismo como herencia a sus hijos, por las abuelas que van de la mano al campo, por las madres que gritan el gol despacito, por los tíos y las tías que antes de que nacieran sus sobrinos ya lo tenían todo pensando para ellos.

 

Por nosotros, por todos los madridistas. Desde Madrid al último pueblo de España. Desde Europa a América Latina y toda Asia. Nosotros también nos hemos trabajado esta Copa de Europa. A nuestra manera somos tan importantes como cualquier jugador. También tenemos nuestra función, también luchamos desde nuestro rincón, también empujamos cada balón. Que nadie nos borre la sonrisa del corazón, que nadie nos nuble la vista porque todo lo que hemos visto estos años es tan real como nuestro escudo. Por todos aquellos a los que se les eriza la piel, por los que no están para verlo pero que seguro que de alguna manera pueden sentirlo, esos besos al cielo terminan llegando a su sitio. Por ti, por mí. ¡Va por nosotros! ¡Campeones de Europa!

 

Paula Pineda.

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