Bajo el telón de la mágica noche de Reyes, de disputaba en Madrid uno de lo grandes clásico del baloncesto europeo. Nada más y nada menos que un Real Madrid — Maccabi. Por su parte el Real Madrid había acabado y empezado el año de manera excelente. No perdiendo en la liga doméstica y ganando partidos frente a los grandes equipos de Europa. Sin embargo, el Maccabi venía con una racha negativa que debía de solventar si no quería descender a los puestos bajos de la Euroliga.

Con el balón en el aire, el partido comenzó muy enrevesado para el Madrid. Con un Luka Doncic en el banquillo el equipo de Israel consiguió establecer un 0—10 en los primeros minutos. Pero fue a través de la defensa con la que el Madrid consiguió parar la anotación rival y generar más espacios y a su vez anotar. A pesar de que el marcador estuviese muy igualado a lo largo de toda la primera parte, el Real Madrid no conseguía hacerse dominador del partido, y siempre iba por detrás del Maccabi que era quien llevaba el mando del encuentro.

Tras las respectivas charlas de los entrenadores a sus jugadores, el balón volvía a rodar. Parecía que la charla de Laso había hecho efecto, porque fue coger el balón y el Madrid parecía otro. Mucho más agresivo de cara al aro rival. También hay que sumar la dupla de Campazzo y Tavares que consiguieron desestabilizar la defensa isrealita con alley ops, pases en profundidad o tiros de tres. Este último fue clave para que el Madrid se llevará la victoria en el último cuarto. Uno tras otro, el conjunto blanco no tenía fin desde la línea de tres.

Finalmente el Madrid consigue la victoria con un 93— 81en el marcador final, lo que le permite colocarse entre los primero de la Euroliga y encadenar nueve partidos seguidos sin conocer la derrota. Además, las sensaciones son buenas, parecen un Madrid más equilibrado como equipo, lo que le puede permitir llegar muy lejos a la competición en cuanto vuelvan los jugadores lesionados.

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