Yo no sé cuánto había de verdad en eso que llamaron “principio de acuerdo”. No sé si realmente alguna vez el Real Madrid estuvo verdaderamente interesado en ti, ni sé cómo de cerca estuviste de venir. Lo único que sé, porque hay testimonio gráfico que lo corrobora, es que cada noche dormías rodeado de fotos de tu ídolo, Cristiano Ronaldo, y que cada día amanecías con el escudo del Real Madrid frente a tus ojos. A partir de ahí, cualquiera podría decir, y con razón, que tu sueño era jugar en el Santiago Bernabéu. Y el caso es que, por unas razones o por otras, has terminado en el PSG.

 

Pues tú te lo pierdes, Kylian. Tú te pierdes sentir cómo truena el himno de la Champions en Chamartín, tú te pierdes ver al Bernabéu de pie ovacionándote y, dos semanas después, ese mismo estadio pitándote por fallar dos ocasiones de gol. Tú te pierdes darle la mano a Florentino Pérez y firmar el contrato de tu vida delante de doce Copas de Europa vestido con tu mejor traje.

No sé si ha sido una cuestión de dinero, porque si los motivos son deportivos no me entran en la cabeza. Pero tú te lo pierdes, Mbappé, tú te pierdes que Marca te dedique una señora portada después de un gran partido y que al mes siguiente se invente que tienes, yo qué sé, una hernia, por decir algo. Tú te pierdes que en cualquier rincón del mundo haya un niño que va al colegio con tu nombre y tu número en la camiseta. Tú te pierdes que un árbitro te expulse porque te han hecho un penalti.

 

Vas a ser muy rico, inmensamente rico, pero tú te lo pierdes, muchacho. Tú te pierdes ir a Cibeles, entrar en la historia del club más importante de la Historia, competir en una gran Liga y pelear en Europa con el Real Madrid. Tú te pierdes ser amigo del bro y del pisha, rezar al lado de Keylor Navas y bailar con Marcelo. Tú te pierdes ir a la finca de Sergio Ramos y volar a toda velocidad en el coche de Benzema.

 

Ganarás el campeonato francés con facilidad y serás una máquina de marcar goles ante defensas casi desconocidas, pero tú te lo pierdes. Tú te pierdes el rugir de Concha Espina, las grandes remontadas, los goles en el descuento, el cariño que nos tienen en Barcelona y en el Wanda. Tú te pierdes hacerte hombre en el mejor club que ha parido el fútbol, enamorarnos con tu sonrisa y tus regates, levantar el Balón de Oro y la Champions en el Santiago Bernabéu.

 

Dile a tu padre que nunca es tarde, que seguiremos pensando en ti, que te esperamos porque nosotros, antes de conocerte, ya te queríamos; porque como dice el presidente: naciste para jugar en el Real Madrid.

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