Cuando toca semana a lo grande, toca semana a lo grande. Y no importa si nieva, llueve, el Madrid juega bien o el Madrid no juega tan bien, las cosas suceden, y punto. Entre eso, y el amor que siente la Champions League por el conjunto blanco, las opciones de un buen Sporting se veían muy reducidas.

Los chicos de Zinedine Zidane venían de hacer, posiblemente, su mejor partido en todo lo que iba de temporada. Tres cero al rival vecino a orillas del Manzanares, dando un severo repaso y dejando claro quién mandaba. Pero esa alegría y facilidad sobre el césped no íbamos a poder disfrutarla hoy. Pese a que solo Ramos entraba como novedad en el once visto hace unos días, la cosa sería bien distinta. Un juego mucho más espeso, lentitud en las transiciones y, sobre todo, falta de conexión en tres cuartos, hacían del juego blanco algo previsible y peligroso a la vez, pues cada robo o pérdida propiciaba una contra.

Por suerte, y digo suerte, porque creo lo es, tras un centro de falta de Modric, el balón quedaba muerto y Varane lo empujaba a la red. 0-1 y todo de cara con un Sporting que, pese a salir bien en cada robo, no lograba crear peligro a un Madrid bien plantado atrás con su doble línea de 4. Pero si frene al Atleti el 0-1 hizo que el Madrid se creciera, o se daría el caso contrario. Poco a poco perdiendo metros, el Sporting iba adueñándose del esférico. Así se llegaría al descanso, poco brillo, pero mucha eficacia en la única jugada de peligro prácticamente.

En la segunda parte la dinámica no cambiaría mucho, el Sporting volcado por el costado izquierdo en las botas de Martins, y el Madrid hilando jugadas aisladas sin peligro alguno. Entre medias de tal “espectacular” encuentro, sonó la alarma. Bale, tras un golpe, no podía continuar (pendiente de pruebas médicas mañana en su tobillo), y la cosa para el Madrid empeoraría. A los pocos minutos en una trifulca, Joao Pereira era expulsado por un puñetazo a Kovacic, y aunque la cosa parecía calmarse, nada más lejos de la realidad. El Madrid cada vez más atrás, y el Sporting cada vez más cerca hasta que, sucedió lo inevitable. Tras una mano en la frontal blanca de Campbell, Coentrao (que había salido para proteger esa banda izquierda por la amarilla de Marcelo), levantaba los manos reclamándola, y acaba tocando el balón. Penalty y a sufrir. Adrien Silva no perdonaba y el Estadio José Alvalade rugía en busca del milagro. Pero esto es la Champions, y ahí nadie ni nada como el Madrid.

Un centro de Ramos, en posición de mediocentro, acaba con un perfecto cabezazo de Karim. El balón a la red, había ocurrido otra vez. Con el 1-2 final el Madrid se jugará la primera plaza en casa ante el Borussia, pero aseguramos la plaza en la siguiente ronda. Esto es la Champions, y nosotros somos el Real Madrid.

Manuel Gómez (@Manu95G)

 

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