Cristiano se elevó hasta las cimas del Piamonte y, sacudiéndose la nieve mientras bajaba, dejó un gol para la posteridad en Turín. Un gol en su competición favorita, en la del Real Madrid, la Copa de Europa.

 

El Juventus Stadium ya está vacío, pero aún retruena la ovación que la hinchada italiana le regaló. El estadio entero se puso de pie rindiéndose ante la evidencia. Estaban viendo al mejor equipo del mundo con el mejor jugador del planeta. Esos mismos hombres que, meses atrás, les dieron una paliza en una final de Copa de Europa. Y nos aplaudían. Y le ovacionaban. Ha tenido que ir Cristiano Ronaldo hasta Italia para poner de acuerdo a una grada entera. En España, en Madrid, esos que dicen ser los más entendidos y exigentes, aún reniegan de él, aún lo quieren vender. Perdónalos, Cristiano. O no. Haz lo que te dé la gana, como siempre. Tienes todo el derecho. Yo te voy a querer toda mi vida y te voy a recordar con dolor y melancolía cuando ya no estés porque sé que no volveré a ver nada igual.

 

Zidane se echó las manos a la cabeza, Buffon hizo la estatua, no se quiso mover para no perdérselo, en Cataluña se quedaron mudos y él…él se levantó del suelo una vez que vio que esta vez sí, que el balón estaba dentro de la portería, que por fin lo había conseguido, que ya tenía el gol de chilena y corrió, sin alardes, despacio, señalándose, gustándose, hasta que el resto del equipo se lanzó sobre su espalda para darle el abrazo de todo el madridismo. Desde allí, desde el córner, vio a todo Turín boquiabierto, de pie, mirándolo a él, agradeciéndole el desembolso de la entrada por tamaña obra de arte y él, en un gesto que habla de esa humildad que tantas veces le han negado, supo hacerles saber que se llevaba para siempre de recuerdo el aplauso del Juventus Stadium.

 

El taconazo de Redondo en Old Trafford, la volea de Zidane en Glasgow, la goleada en Múnich, el regate de Benzema en el Calderón, la chilena de Cristiano en Turín. El Real Madrid tiene su propio museo de obras de arte, aparte del de los trofeos. Lo va paseando por toda Europa. En la ciudad donde habita el Santo Sudario, los de Zidane dieron otra lección magistral, presentando su candidatura a la Décimotercera. Vamos en serio. Vamos muy en serio.

 

No hay ni un madridista en el mundo que no haya visto, al menos, treinta veces ya el gol de Cristiano. La chilena de Cristiano. Esa que tantas veces convirtieron en meme y en mofas y que ahora va a ser un póster en muchas habitaciones. Es el mejor del mundo porque nunca ha dejado de intentarlo, porque se le metió en la cabeza y tenía que hacerlo sí o sí. Es el mejor del mundo porque juega en mi equipo, porque ayer convirtió los pitos con que lo increpaban en ovación, porque hace lo que quiere, cuando quiere y como quiere sin necesidad de decirlo. Simplemente lo demuestra. Es el mejor del mundo porque no hay nadie mejor que él.

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