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El Real Madrid-Athletic se saldó con un 2-1 local y un liderato más que sufrido. Pero liderato, que, al fin y al cabo, es la noticia positiva de las 9 jornadas de Liga Santander que llevamos. Pero hay dos lecturas posibles: quedarnos con la clasificación o profundizar a partir de ella. Lo mismo puede hacerse con el partido de anoche en el Santiago Bernabéu. Se ganó, sí, pero la sensación de progresión negativa en el partido fue clara.

El juego del Real Madrid ante el Athletic estuvo marcado por dos fases. La primera, durante la primera parte del encuentro, es gestó en el sector izquierdo, donde Marcelo, Isco y Karim Benzema marcaron diferencias e instalaron al equipo arriba, a la espalda de los centrocampistas del equipo de Valverde. Zidane insistió en el XI visto en el Benito Villamarín, ante el Betis. Aunque el Athletic propuso más dificultades a través de distintos tramos de presión, Toni Kroos y Kovacic volvieron a encontrar líneas de pase con cierta facilidad. ¿Hacia dónde? Hacia el ya mencionado sector izquierdo. Marcelo e Isco, que daban continuidad a lo propuesto por el doble pivote madridista y desordenaban con sus conducciones y pases filtrados, encontraban en Benzema, que partiendo desde la posición de ‘9’ actuó como extremo izquierdo, el socio ideal para llegar, estar y conectar con el área. Y aquí llego el problema. El Real Madrid llegaba, pero ni Cristiano Ronaldo ni Gareth Bale llegaron a conectar con el juego del equipo. Y tampoco finalizaban con acierto cuando les llegaba el balón. En esta ocasión, ni Cristiano ni Bale ofrecieron soluciones al ataque de los de Zidane.

El gol de Sabin Merino confirmó lo que llevábamos vislumbrando minutos previos al mismo: el equipo de Zidane estaba cayendo en la ralentización del ritmo del encuentro. El poco acierto de cara a portería desconectó a los locales. La respuesta de Zizou, ya en el segundo tiempo, fue la de mandar a Gareth Bale a la izquierda y anclar a Karim Benzema en el área, junto a Cristiano Destruyendo ese triángulo Marcelo-Isco-Benzema que estaba siendo el escalón de calidad en campo rival. El objetivo: colgar balones al área. Un total de 37 en todo el encuentro. Un número más que exagerado. Y pobre, si evaluamos la respuesta del equipo al golpe del Athletic.

El equipo desconectó por dentro, ya que la orientación de los pases era claramente hacia fuera. Situación más que cómoda para un Athletic que apenas sufría con tanto balón al área. La respuesta de Zidane fue sacar a Lucas Vázquez, con la idea de ser más incisivo por derecha. Pero la idea era la misma y el cambio no se tradujo en ninguna ventaja táctica. Todo lo contrario, de hecho. Sin Beñat ni Aduriz, Valverde hubiera firmado que el partido se jugase en las bandas, que el Real Madrid buscara la victoria a través del centro lateral.

Con Benzema totalmente desconectado, no por su culpa, sino por lo que estaba siendo su equipo, era normal la entrada de Morata. Álvaro inyectó agresividad, altura y presencia en el área. El contexto pedía su entrada, claro. Y con él llegó el gol. Uno más a su cuenta personal. Otro que vale 3 puntos y, en este caso, el liderato. Y ya no es el gol, sino que su superioridad física e intensidad le convierte en referencia, tanto jugando de espalda a portería como al espacio.

Y debemos profundizar en Gareth Bale. Desconectado en el primer tiempo e incisivo en el segundo, dando, además, la asistencia a Morata. Conectó Zidane a Gareth al mandarlo a la izquierda, es cierto. Pero, ¿de qué manera? Este es un tema difícil de encarar. Porque, claro, dio una asistencia, por lo que podemos decir que acabó siendo determinante. Y si el plan es centrar, es normal verle en la izquierda, ya que en el Real Madrid no actúa como delantero -atacante- . Pero yo me pregunto, ¿esto es lo máximo que podemos ver de Gareth Bale? Ahora mismo, la poca influencia en el juego del nominado al Balón de Oro es un déficit táctico que Zidane debe hacerse ver y corregirlo.

Se ganó y se consiguió el liderato. Objetivo cumplido, sin duda. Pero no se denota evolución en el equipo. Y si vimos ciertos reflejos en el primer tiempo, las decisiones de Zidane convirtieron a su equipo en simple y previsible. Si se preguntase por qué el Real Madrid ganó el partido, la respuesta no es más que porque Morata estaba ahí.

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