Manuel Gómez (@Manu95G)

Por fín, tras una temporada llena de grises y sombras, tras años y años sin conocer la alegría y euforia de las tan míticas remontadas heroicas blancas, lo volvieron a hacer. El Bernabéu se vistió de gala para presenciar una de esas noches de ensueño, una de esas noches que duran y perduran. El Real Madrid, guiado por un <incluya adjetivos(s), pues a mí ya no se me ocurren para describirlo> Cristiano Ronaldo, remontó el 2-0 de la ida y se clasificó para las semifinales de la UEFA Champions League.

Como ya viene siendo costumbre en los últimos años -pongamos de excepción 2014 y nuestra querida Décima-, la afición hacía acto de presencia en los aldeaños del Bernabéu, centrando su atención en Concha Espina a la espera de la llegada blanca. Nunca falla, siempre está ahí, las circunstancias son irrelevantes porque, pase lo que pase, el Madrid es creer, siempre creer. Daba igual que Bayern, Borussia, Juve o incluso Atleti (en Copa, eso sí), nos hubieran destrozado las esperanzas en ocasiones anteriores, como buenos madridistas, nuestro deber es creer.

Y en esta ocasión no iba a ser diferente, el ambiente ardía desde bien temprano hasta momentos antes del pitido inicial. El partido estaba a punto de comenzar y los nervios se palpaban en el ambiente.

Con el balón ya en juego, el mismo guión de siempre: toque y dominio, posesiones largas pero poca profundidad. Eso que nos había faltado en la ida, susurraba suave en la grada blanca. Eso sí, esta vez la tensión y soledad del aficionado no duraría mucho, pues en escena aparecería el bicho. Rondaba el cuarto de hora de partido, y tras un robo de Carvajal, el lateral mostraba el por qué de su titularidad. Línea recta y descarada enfilando la portería defendida por Benaglio. Ya casi pisando área, un centro al segundo palo mal defendido por la zaga alemana acabaría en los pies de Cristiano, y como bien sabemos todos, el resto es historia.

La sonora celebración del Santiago Bernabéu no hacía más que llevar en volandas a un equipo entregado, esta vez sí, a la causa. El asedio era total y las ocasiones se sucedían hasta que, tras un perfecto córner botado por nuestro alemán favorito, y hablo de Toni Kroos, Cristiano volvía a emerger, como si de un superhéroe se tratara, para poner, con un potente y preciso cabezazo, el balón en la red. Era el 2-0, la eliminatoria partía de cero y la afición no cabía en sí de la alegría. “Esta vez sí” era el pensamiento colectivo que rondaba por todas y cada una de las cabezas que allí, o en cualquier lugar del mundo, disfrutaban del partido.

Pero como buenos madridistas que somos, una victoria sin sufrimiento no sabe igual. El Madrid preso de la situación reculaba sus líneas y cedía protagonismo a un Wolfsburgo sin nada que perder. Hace semana y media estaban “eliminados” por todo el mundo, y tras 110 minutos de eliminatoria, podían presumir de haber tenido contra las cuerdas 90 al Real Madrid. Hasta el descanso el respeto evidenciado por ambos mantenía la calma, algo que muchos agradecían.

Ya en la segunda parte, otro gallo cantaría. El Madrid no lograba imprimir el ritmo frenético de los primeros 20 minutos y el Wolfsburgo se sentía más cómodo por momentos. El choque iba encaminado a lo que todo equipo dominador quiere evitar, un intercambio de golpes. Eso sí, Cristiano jugaba de nuestro lado. Las ocasiones se sucedían en ambas áreas, más en la alemana, pero el madridista sufría el doble en cada una que pasaba cerca de la portería de Keylor, y el asunto se teñía de negro por momentos. Pero, como bien he remarcado en varias ocasiones, la gran baza de esta competición se encontraba bajo la manga de Zidane: el hombre destinado a romper y destrozar todos los récords europeos, Cristiano Ronaldo.

En el minuto 77 una faltaba en la frontal del área alertaba al Bernabéu. Silencio en la sala, la función va a comenzar. No fue su mejor disparo, ni el más potente; no llevaba una buena colocación, pero cumplió su función, entrar en la portería. La barrera alemana, cual banda de patio, se abría construyendo un camino directo al fondo de la red, lejos del alcance de Benaglio.

Ahora sí, el Bernabéu estaba a punto de caerse. Quedaban algo más de 10 minutos y el Madrid repitió la hazaña del Camp Nou, supo sufrir y logró vencer. Volvió a demostrar que aquí está y que no quiere marcharse. En semifinales esperamos rival, que se ande con cuidado.

 

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Sobre El Autor

Del Real Madrid desde que recuerdo, que no es poco. Puedes leerme en mi cuenta de Twitter: @Manu95G