Cuando el sol se ponga tras las montañas, se encenderán las luces en el Bernabéu. Será el momento del madridismo, de poblar sus gradas, de hacer notar su voz, de levantar las bufandas y cantar al unísono eso de “los días que tú juegas son todo lo que soy”. Será el momento de arropar al equipo, de hacerles saber que somos uno, que ahí estamos, con ellos, que juntos somos más fuertes y por separado no somos nada. Que el Real Madrid es cada cuerpo supurando madridismo y cada uno de los que defienden el escudo sobre el césped.

Cuando el sol se ponga tras las montañas, cuando los focos del Bernabéu ya estén prendidos y haya ochenta mil almas conviviendo con sus nervios, será el momento de los jugadores. Será el momento de salir a luchar. Todos a sus puestos, dispuestos a a darlo todo durante los noventa minutos. Que se note que estamos vivos, que se note que tenemos hambre.

Con la luna como testigo, hagamos un esfuerzo supremo. Vale la pena. Que se escuchen los vítores del Bernabéu en este cuerpo a cuerpo. Hay que quedar exhaustos, poner todas las ganas y todas las fuerzas. A arreones u organizados, poco nos importa el cómo con tal de alzarnos con la victoria, de alcanzar una nueva final, de volver a estar a noventa minutos de un título que engorde nuestras vitrinas.

 

Ojalá la noche ya cerrada nos devuelva a casa con el pecho lleno de orgullo, con el mentón alzado, con la dignidad intacta. Ojalá las estrellas se vayan apagando poco a poco durante la madrugada sabiendo que el Madrid consiguió otra gesta, que nunca abandonó la lucha, que salió con los dientes de sierra y los ojos llenos de sangre.

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