La única manera de olvidar el ridículo que hicimos en el Sánchez Pizjuán es ganándole al Atleti. De cualquier manera. Después del otro día, nos da igual cómo se juegue, nos importan poco los toques y la posesión, sólo nos interesa ganar. Que lo hagan con rabia, con cojones, con el honor que merece el escudo que llevan pegado al corazón.

Ver una camiseta rojiblanca enfrente debe ser motivo suficiente para pelear cada balón hasta las últimas consecuencias. Ver el escudo con el oso y el madroño debe ser motivo suficiente para salir a morder, para vaciarse como si al día siguiente ya no hubiera nada más. Mirar hacia la banda y encontrarse con el Cholo Simeone y sus exagerados aspavientos…me como el césped, si hace falta.

El madridismo no puede volver a vivir la vergüenza del Pizjuán. No estamos dispuestos a ver a nuestros jugadores convertidos en egos solitarios y malcriados que se olvidan de que son un equipo y que tienen que jugar como tal, que las guerras no se ganan haciéndola cada uno por su cuenta, sino remando todos en la misma dirección, al unísono, al toque de corneta de nuestro himno. Todo nervio y corazón.

 

Es un derbi y tiene lugar en el Bernabéu. No hay más espacio para el bochorno, ni para la humillación del madridista. Es el Atleti y hay que ganarles como se ha hecho toda la vida. Si no les motiva derrotar a los indios, no son dignos de defender la camiseta blanca. Ochenta mil personas clamando por ti a tu alrededor…a nadie se le ocurriría escatimar ni una gota de sudor. Millones de alma repartidas por todo el mundo pendientes de noventa minutos en los que ellos son nuestra única esperanza…yo no sería capaz de dejar de correr ni un segundo. El antimadridismo deseoso de volver a vernos caer…daría mi vida por no darles ese gusto. Eso es lo que haríamos tú y yo. A ver a ellos qué les apetece hacer.

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