De eso va esta Champions. No se trata sólo de ganar otra Copa de Europa. No se trata de sumar la Decimocuarta, ni de firmar cuatro consecutivas. No es solamente eso. Esta Champions League va de hacer polvo al Atleti, de completar la trilogía. Primero fue Lisboa, después Milán y ahora hay que ganar otra en su casa, en su cara, contra ellos o contra otros, eso nos da igual, el caso es ganarla y hacerlo allí, donde nos odian.

Para ello y una vez superada la fase de grupos, hay que hacer escala en Ámsterdam, la ciudad donde Zidane supo con certeza que si quería ser campeón de Europa tenía que ponerse otra camiseta. Y eso hizo. Vestirse con nuestra camiseta y levantar la orejona. Más tarde lo volvió a hacer de traje, pero con el mismo escudo en el corazón. Hay pocas cosas seguras en la vida, pero una de ellas es saber que si quieres una Champions, el camino más fácil y directo se llama Real Madrid.

 

Sin confianzas y sin alardes, sin querer pasar la eliminatoria sólo por el peso del escudo, nuestros muchachos tienen que ir con todo ante el Ajax. Somos mejores, pero habrá que demostrarlo. Si igualamos sus ganas y su ilusión, los cuartos estarán más cerca y el camino hacia la profanación del Wanda se irá despejando.

 

No es una Copa de Europa más, esta Champions está llena de alicientes. La final en Madrid, en el campo del Atleti. No encuentro mayor motivación para, paso a paso, alcanzar la final. Sólo estamos en febrero, pero es inevitable imaginar el uno de junio. El año pasado por estas fechas nos embargaba la desilusión y el PSG nos hundiría en la miseria. Llegó el día de los enamorados y los mandamos derrotados a París. Después, en marzo, confirmamos que íbamos en serio a por la hermana de la Duodécima. Ahora el estado de ánimo es otro y el rival también, por eso hay que tener confianza, pero no confiarse. El más mínimo error, la tontería más insignificante te aleja del sueño. Y hay que completar la trilogía. Lisboa, Milán y el Wanda.

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