Después de derramar lágrimas nacionalistas, Piqué volverá a enfundarse el chándal de la selección española. Después de su victimismo, del que hace gala como jugador culé y como catalán, volverá a jugar un partido con la camiseta de España, representándose únicamente a sí mismo, al valor del dinero, a los contratos publicitarios. Piqué aleja a los aficionados españoles de su selección.

 

Se siente como un cochino en el barro dentro de la polémica, esa que a la que él mismo echa gasolina en lugar de tratar de apagar el fuego. Piqué es un cínico, un descarado, un sinvergüenza del tamaño de la Sagrada Familia. Se levanta temprano para ir a votar una farsa, para desligarse de España y, después, con un discurso ensayado con anterioridad delante del espejo, con los ojos vidriosos, se atreve a hablar de sufrimiento. El sufrimiento de un hombre millonario que unas horas antes aceptaba jugar a puerta cerrada, sin pensar en el niño que se quedaba fuera llorando de verdad, con un sufrimiento auténtico. Una hipocresía exacerbada.

Las lágrimas era lo único que le faltaba a Piqué. Ya había tirado en otras ocasiones de ironía, de rabia, de pataletas…una infinidad de recursos delante de los micrófonos, lo que le convierte en un actor inigualable. Le faltaba llorar y en eso que han llamado referéndum encontró la excusa perfecta.

 

Hacerse la víctima es uno de sus registros favoritos. Dejó entrever que está dispuesto a abandonar la selección si él supone un problema. Piqué no es un problema. Es el problema. El único jugador al que pitan en cualquier campo de España. No en el Santiago Bernabéu, ni con la camiseta del Barcelona. En cualquier punto de la geografía española y con la camiseta nacional. Él se lo ha ganado. No puede ir a votar o lo que fuera que hizo en esos cubos de plástico para dejar de ser español y, días después, estar con la selección española como si nada hubiera pasado. Es como si yo, que soy madridista, me pusiera la camiseta del Barcelona y me fuera al Camp Nou a celebrar los goles de Messi. Es una incongruencia, un ejercicio de hipocresía.

 

Si fuera coherente con su discurso y con sus sentimientos, Piqué no jugaría ni un minuto más con España. Somos muchos los que tenemos ganas de volver a sentir al combinado nacional, de disfrutar de nuestra selección, pero tipos como Piqué nos separan de ella. Ojalá deje de hacerse la víctima, que salga del personaje que él mismo se ha creado y de verdad se eche a un lado, que se vaya de la selección para siempre, que sea tan valiente para recular como lo es para ser tan sinvergüenza con los españoles.

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