Otra vez echándote el equipo a la espalda, poniéndole más ruedas al carro para que éste pueda soportar el peso de los que de nuevo se suben al mismo. Otra vez sumándole kilómetros a tus piernas, recorriendo cada metro del rectángulo de juego, en defensa y en ataque, como si a estas alturas de tu carrera tuvieras que demostrarle algo a alguien que no sea a ti mismo. Otra vez silenciando un estadio mítico, dejando en nada esos abucheos que te dedican cuando agarras el balón y te dispones a enfilar la meta contraria. Como ya hiciste en el Camp Nou, como ya hiciste en el Allianz Arena, como en Anfield…esta vez le tocó el turno al Olímpico de Roma. ¡Con lo acabado que estás, Cristiano!.

Real Madrid's Portuguese forward Cristiano Ronaldo (R) celebrates with teammate Real Madrid's Brazilian defender Marcelo after scoring during the UEFA Champions League football match AS Roma vs Real Madrid on Frebruary 17, 2016 at the Olympic stadium in Rome.     AFP PHOTO / ALBERTO PIZZOLI / AFP / ALBERTO PIZZOLI        (Photo credit should read ALBERTO PIZZOLI/AFP/Getty Images)

Real Madrid’s Portuguese forward Cristiano Ronaldo (R) celebrates with teammate Real Madrid’s Brazilian defender Marcelo after scoring during the UEFA Champions League football match AS Roma vs Real Madrid on Frebruary 17, 2016 at the Olympic stadium in Rome. AFP PHOTO / ALBERTO PIZZOLI / AFP / ALBERTO PIZZOLI (Photo credit should read ALBERTO PIZZOLI/AFP/Getty Images)

 

Otra vez desatascando un partido en el momento clave, cuando el equipo local se venía arriba con el favor del reloj y un resultado que habrían celebrado por todo lo alto. Otra vez marcando el primer gol de un partido importante, no un gol de relleno, no un tanto que pone el colofón a una goleada de escándalo, no. El primer gol a domicilio en los cuartos de final de la Champions League, un gol que desmoralizaba a una Roma que se agarraba como a un clavo ardiendo al empate a cero. Y no lo anotaste de una manera cualquiera, no tuviste que empujarla en el área pequeña con la portería vacía. Corriste a por el balón que te mandaba Marcelo y, con un recorte majestuoso, aunque dicen que no te vas de nadie, te acomodaste la pelota al cuerpo para pegarle con el alma y desatar nuestra euforia. Un gol casi calcado al que unos días antes hiciste en el Bernabéu ante el Athletic de Bilbao. Pero lo siento, Cristiano, por lo visto hay que venderte.

 

Y ahí sigues tú, pese a todo, rompiendo récords, jugando como si acabaras de llegar, como si apenas hubieras logrado nunca nada. Dicen que todos tus gestos forman parte de un show para tu lucimiento personal, como besar a esa niña que guardaba fila contigo mientras el himno de la Champions inundaba todo el Olímpico de Roma. Porque todos sabemos que tú nunca has tenido un detalle con los más pequeños ni con los más desfavorecidos. O como animar al equipo a juntar líneas, a iniciar arriba la presión para tratar de robar el balón en campo contrario. ¡Cómo osas tratar de jugar al fútbol de esa manera! Hay que dejar que el rival salga tranquilamente de su área y que tengan posibilidades de marcarle un gol al Real Madrid.

 

Hay que forzar tu salida del equipo, eres un viento incendiario, un futbolista que juega para sí mismo, que no celebra los goles de los compañeros, un narcisista de cuidado. Y así te vas a Roma y primero te haces grande en la comparecencia de prensa, retratando a unos periodistas de salsa rosa y, al día siguiente, haces tu trabajo sobre el césped, hablando con tu juego en el campo, que es donde mejor te expresas, en el idioma universal del fútbol, buscando a Zidane en tu celebración y dejando para la posteridad una foto que ha dado la vuelta al mundo.

 

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Nos has acostumbrado muy mal, como si en cada partido pudieras anotar tres goles y dar dos asistencias, como si los años no pasaran por ti y por tu velocidad y como si el rival no jugara a pararte por lo civil y por lo criminal. Sobre todo por lo criminal. Los números cuentan toda la verdad y te van a dejar en el lugar que mereces en la historia del Real Madrid. Eres uno de los mejores jugadores que han pasado por delante de mis ojos. Siempre diré que tuve la suerte de verte jugar con la camiseta del Real Madrid. Ojalá los títulos colectivos te hagan más grande de lo que ya eres. Al fin y al cabo el fútbol es eso, un deporte colectivo en el que, como dice Zidane, alguno siempre destaca más que otro. Y tú rompes el molde. Pronto olerá a primavera, la época del año en la que se ganan los títulos. Sé que estarás ahí el primero para ello, a pesar de las injusticias, a pesar del maltrato arbitral, a pesar de las críticas. Aquí estás tú otra vez, Cristiano.

 

PAULA PINEDA (@7Sempiterno7)

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