A Paco Jémez le pone tan cachondo jugar contra el Real Madrid como a Gerardo Piqué un cruce de declaraciones. El técnico del Rayo Vallecano busca siempre su minuto de gloria a costa del club blanco y disfruta de la polémica como un cerdo en un charco de barro antes, durante y después de los enfrentamientos ante los de Concha Espina. No se aleja de polemizar, sino que se siente a gusto, lo disfruta y lo saborea, sabedor de que los periodistas que tiene enfrente están de su parte y, en la medida de lo posible, le ayudarán a hacer leña del árbol caído siempre que el perjudicado sea el Real Madrid.

 
Ya antes de enfrentarse a los de Benítez, se despachó diciendo que se jugaba los huevos a que su equipo haría un buen partido en el estadio Santiago Bernabéu. Mucho me temo que a Jémez, desde el domingo, debe faltarle un rasgo característico de su virilidad. El Rayo saltó al Bernabéu con una camiseta que debería ser objeto de sanción por horrenda y con esa intensidad que, si el Madrid la empleara, se llamaría violencia. Se pusieron por delante en el marcador porque el Real quiso. No sé si los jugadores le están haciendo la cama a Benítez, pero empiezo a sospechar que al bueno de Keylor Navas sí. Lo único que existe en defensa son los nombres de los jugadores. A la hora de la siesta, el Rayo Vallecano ganaba en el Bernabéu y entonces el árbitro, que lo único que hizo fue aplicar el reglamento, algo muy mal visto si el beneficiado es el Real Madrid, le dio toda la carnaza que Paco Jémez necesitaba para tirar de demagogia y a dar en la sala de prensa.

JEMEZ
Dijo el entrenador del Rayo que nunca había visto algo tan esperpéntico y vergonzoso como lo que había presenciado en el Bernabéu. Nunca le he escuchado decir nada parecido cuando en el Campo Nuevo también se ha quedado con nueve jugadores, saliendo goleado de allí y con los jugadores del Barcelona haciendo bailecitos en la celebración de los goles, algo que si ocurriera en el Madrid sería tildado de falta de respeto al rival. Se sentía cómodo Jémez contando con el beneplácito de los periodistas y siguió diciendo que la Liga había perdido credibilidad. La credibilidad la pierde él cada vez que abre la boca para hacer uso de su antimadridismo, en lo que es un claro intento de opositar al banquillo de los del país imaginario. Pero seguía. Se sentía valiente y el periodismo le aupaba. Él y sus jugadores se sentían pisoteados, sentenció. Creo que los únicos que se sintieron pisoteados en el partido fueron los jugadores del Madrid, que vieron cómo el Rayo salió dispuesto a dar patadas y pisotones con esa intensidad mal entendida. Que le pregunten a Kroos si él no se sintió pisoteado después de la brutal entrada que sufrió.

 

El Rayo terminó con dos jugadores expulsados y me parecen pocos. Pero lo que más me llamó la atención fue que un profesional del fútbol intentara dar pena diciendo que había visto a sus jugadores llorar, jugadores que llevaban años preparándose para un día así. Es increíble lo contentos que salen del Campo Nuevo cuando les golean y lo que lloran cuando esto ocurre en el Bernabéu. Sus jugadores deberían prepararse para jugar su Liga, la de los equipos con los que deben jugarse el puesto en la clasificación. Yo entiendo que ganar en Chamartín los vuelva locos y sea como ganar una Copa de Europa para ellos, pero hombre, decir que llevan años preparándose para ese día me resulta ya de una obsesión enfermiza por derrotar al más grande de todos los tiempos.

 

Paco Jémez está cabreado con el árbitro porque no contaba con que el colegiado pudiera señalar en su contra un penalti y hasta expulsarle a dos jugadores. Y lo entiendo. Lo entiendo porque el mundo entero ve cómo cada fin de semana los rivales que se enfrentan al Madrid cosen a patadas a los blancos y nunca ocurre nada. De la misma manera, todos han visto cómo le han robado al Real, jornada tras jornada, penaltis que sólo un ciego no podría ver. Me imagino a Jémez espoleando a sus jugadores durante la semana: “pegad, pegad lo que haga falta, que no pitarán nada”. Pero esta vez sí, Paco. Puede que nunca más vuelva a ocurrir, pero esta vez el árbitro sí señaló y castigó todas las acciones que eran falta, penalti o tarjeta. Y aún así, quedaron algunas penas máximas sin señalar.

 
Pocos me parecen los diez goles que el Real Madrid le marcó al equipo de este señor que está encantado de conocerse, que se cree el inventor del fútbol y que utiliza los enfrentamientos contra el Madrid como si fuera el último partido de su vida. En cambio, cuando juega con el Barcelona, todo es una fiesta y hay globos y sonrisas. La vida de Paco Jémez es eso que pasa hasta que el Barcelona le llamé para ocupar su banquillo. Creo que en su imaginación ya se ve entrenando a los azulgranas y por eso no pierde oportunidad de ganar adeptos cuando el calendario lo empareja con el Real Madrid.

 
Yo estoy encantada con los diez goles y que Bale, Cristiano y Benzema se hartaran de marcar, aunque a algunos madridistas les cabree e indigne que la llamada BBC se salga contra el Rayo Vallecano y no fueran capaz de marcar ni uno al Villarreal, por ejemplo. A mí también, pero lo de El Madrigal ya no tenía solución y golear a los de Vallecas era el domingo lo único que podíamos y debíamos hacer. Y así fue.

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