Estamos rotos. El madridismo ha sufrido en cuatro días un revés que nadie se esperaba. En la misma semana nos hemos quedado fuera de dos competiciones. En la mente de cualquier madridista cabía la posibilidad de perder uno de los dos partidos que nos enfrentaba al Barcelona, pero los dos no. Ha sido un golpe muy duro. Mientras tratamos de olvidarlo, mientras cicatriza la herida, lo asimilamos y levantamos la cabeza un poco cada día para ponernos en modo Champions.

La Copa de Europa es lo máximo, por mucho que algunos hablen de Ligas, no hay nada más importante ni que haga más feliz que ser campeón del viejo continente. El madridismo, en su mayoría, porque siempre hay algún infeliz por ahí enfadado con la vida, lo sabe. Al madridista se le pone otro cuerpo cuando ve a sus jugadores en fila mientras suena el himno de la Champions. Es otra historia completamente diferente. Es nuestra Historia.

 

La Copa de Europa es, nuevamente, lo único que nos queda. No hay más. Los dos partidos contra el Barcelona nos han descubierto los cojones de Reguilón, que es la palabra con la que llegó Solari y, a estas alturas de la temporada, viendo que al fútbol no le damos continuidad, habrá que salir a jugar con ellos. Con casta, con garra, con hambre, con ganas, con todo el corazón.

No queremos nombres ni estrellas. No queremos egos, ni individualismos. Queremos once Reguilones. Once jugadores sintiendo de verdad el escudo, defendiéndolo hasta las últimas consecuencias, con los codos, con las piernas y con los dientes. Ahora mismo no hay más futuro que el partido contra el Ajax. Todo lo que no sea estar en cuartos será un auténtico fracaso y no querremos luego condescendencia, ni perdones ni nombrar la actitud. La actitud es aquí y ahora porque no habrá mañana. Nos da igual ya jugar mejor o peor, sólo queremos estar en cuartos. Nuestro estilo es el de Reguilón, a pecho descubierto contra quien sea y donde sea, sin miedo, mirando a los ojos, diciendo “aquí estoy yo, este es mi escudo y por él voy a morir sobre el campo”.

 

El madridismo, dolido y herido, está ávido de ilusiones. Nada mejor que la Champions para ello. El Bernabéu suele lucir otra cara en Europa. Ojalá el equipo también, porque aquí estamos otra vez, preparados para sufrir y confiando que esta vez haya un final feliz. Once Reguilones a por la Decimocuarta, once Reguilones luchando por llegar al Wanda.

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