Debería explicarnos Diego Simeone con su piquito de oro argentino y su demagogia barata cuál es la Liga que está peligrosamente preparada para que la gane el Real Madrid. Debería especificar el Cholo en qué temporada va a ocurrir tal hecho. En la 2015-2016 desde luego que no. Si el Madrid termina ganando el campeonato no va a ser porque se lo hayan regalado.

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Igual que ocurrió en El Molinón en la primera jornada, al equipo blanco le privaron el sábado de ganar dos puntos por decisiones arbitrales que favorecieron al Málaga. Entre penaltis no señalados, goles fantasmas y tantos anulados son ya cuatro los puntos que el Real Madrid no ha podido sumar en su casillero, cuatro puntos robados que le impiden ser líder en solitario. Por mucho que Butragueño salga otra vez a poner la otra mejilla diciendo delante de los micrófonos que no era el día, que no tocaba, lo que aconteció en Chamartín entre las siete y las ocho de la tarde fue un robo con mayúsculas, con todas las letras, con todas las ganas y con muy poca vergüenza.

 
Vale que el Real Madrid tiró los primeros cuarenta y cinco minutos, esperando ganar por inercia un partido visto mil veces antes en el Bernabéu, un partido que suele decantarse casi siempre del lado de los actuales campeones del mundo en cuanto entra el primer gol. Si el partido ante el Málaga se juega cien veces, el Madrid lo gana en noventa y nueve ocasiones. Pero el balón no quiso entrar cuando ya en la segunda mitad los muchachos de Benítez se pusieron el mono de trabajo y lo dieron todo para ganar.

 

Y, para una pelota que quiso entrar, entre el juez de línea y el colegiado decidieron que no valía, que se inventaban un fuera de juego de Modric y ya si eso que el Madrid ganara otro día. Empate a cero, liderato efímero y polémica servida. Una polémica que casi existe únicamente entre el madridismo, pues el periodismo suele obviar de manera intencionada las veces que el Real Madrid es perjudicado. En cambio, convierten en monólogo las muy pocas veces que el club de Concha Espina sale beneficiado. De hecho, se sigue hablando más de aquel penalti cometido sobre Pepe en Elche en las postrimerías del partido cuando Mourinho era entrenador del Madrid que del gol legal anulado ayer. Y en lugar de denunciarlo, Butragueño hace de portavoz del madridismo diciendo que no era el día, que qué mala suerte y que qué bien Kameni.

 
Es curioso, aunque cada vez menos, cómo al Barcelona le llueven penaltis acompañados de expulsión cuando el partido se les complica y al Real Madrid nunca se le aparece la virgen en este sentido. Quizás sea porque saben que Cristiano Ronaldo termina anotando los penales y que a Messi y a Neymar se les atragantan los lanzamientos desde los once metros. El caso es que mientras Cataluña entera rezaba por la lesión de Messi al mismo tiempo que reflexionaba su utopía de país, al Madrid le volvían a robar. Y van cuatro puntos.

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