El alcalde de Vigo ha encontrado un filón, un lingote de oro, en la maltrecha cubierta de Balaídos para hacerse notar, para saberse protagonista en lo que parecía que sería un día, pero ha preferido marcarse un tour por las radios y televisiones en busca de su minuto de fama. Para ello, nada mejor que el Real Madrid.

 

Hasta el pasado sábado, a Abel Caballero sólo lo conocían en su casa a la hora de comer, pero fue ponerle un micrófono delante y decir aquí no se juega porque a mí no me da la gana y se lo empezó a creer. Se creyó Tebas, Villar y Sánchez Arminio al mismo tiempo. Se creyó el hombre del tiempo, albañil y Dios. A partir de ahí, una retahíla de despropósitos, mentiras y declaraciones en contra del Real Madrid para que el ego le llegara a la altura de las cejas.

Mintió sobre el temporal, que no fue para tanto; mintió sobre el Real Madrid, que no había dicho ni una sola palabra y mintió sobre Balaídos, un estadio municipal ruinoso que debería haber remodelado hace años. No se cansa el alcalde de Vigo, sigue con su peregrinaje por los medios de comunicación. Alguien de su familia, incluso algún amigo, si es que los tiene, porque da la sensación de estar falto de cariño, tal es el protagonismo que busca, debería decirle que deje ya de hacer el ridículo.

 

El Madrid no tiene la culpa de que un campo de fútbol de Primera División tenga techos de uralitas, que hay cuadras para el ganado con mejores estructuras. El Madrid no tiene la culpa de querer jugar cuando lo dicta el calendario y no cuando a un alcalde de provincias se le antoja. El Madrid no tiene la culpa de las inclemencias del tiempo. El Madrid no tiene la culpa de que el otro equipo se niegue a jugar porque sí, cuando había tiempo de sobra para buscar alternativas; alternativas que el Madrid propuso. El Madrid no tiene la culpa de que Vigo tenga un alcalde que es un bocachancla, un señor con ganas de fama y con ánimo de desprestigiar con sus mentiras e injurias al club de fútbol más importante del mundo.

Debería saber Abel Caballero que el Madrid no es que quiera mandar en España, sino que ya lo hace con treinta y dos Ligas en su haber. Es más, también lo hace en Europa, con once antorchados que lo erigen como rey del viejo continente. Debería saber también que el Madrid no toma decisiones de seguridad en la ciudad de la que es alcalde, ni lo pretende. El Madrid se preocupa por lo suyo y por eso tiene un estadio a prueba de temporales. Y eso es lo que debería hacer el señor Caballero, preocuparse de lo suyo, de su gestión deficiente, de la chapuza que es Balaídos y que, gracias a él, el mundo entero se ha encargado de conocer.

 

El viernes volaron las uralitas del estadio municipal de Vigo y el sábado lo hicieron las neuronas de su alcalde. El Madrid no discute la seguridad, discute la manera de proceder de todos los que se han encargado por todos los medios que el partido no se jugara. Al Madrid le sobra clase para estar a la altura de las circunstancias. Toda la clase de la que adolece Abel Caballero. El Madrid no ha ejercido presión a través de los medios, todo lo contrario. Más bien ha sido el alcalde de Vigo el que se ha encargado de ello. El Madrid no está enfadado porque el Celta lo eliminara de la Copa del Rey. Cuando el Madrid pierde, da la mano.

 

¿Por qué no se calla, señor alcalde? ¿Por qué no se dedica a gobernar su ciudad como un buen político y no como un hombre que ha aprovechado la coyuntura de nombrar al Real Madrid para hacerse famoso? ¿Por qué no le da a un equipo de Primera un estadio de primera? ¿Por qué no deja de pronunciar el nombre del Madrid y el de su presidente en vano? ¿Por qué miente sobre sus mentiras? ¿Por qué no se hace un favor a sí mismo y a los que le quieren y deja de ridiculizarse?.

 

Nunca unas planchas de uralita dieron para tanto, nunca, desde Marbella, un alcalde salió tanto en la tele. Es lo que tiene hablar del Real Madrid, que el país entero pone los ojos y los oídos sobre ti. Para que luego diga que no manda en España.

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