“No nos van a dejar ganar en Barcelona”.

Empate contra el Málaga, empate contra la Real Sociedad, empate contra el Hércules. Pensar en una victoria del Real Madrid en el país imaginario es una utopía. No van a dejar que el Barcelona se vuelva a dejar puntos y que el Real se ponga en Liga a nueve puntos de ellos. Ni un empate va a rascar el equipo de Zidane. Igual que no dejaron que el Valencia puntuara, igual que impidieron que el Sevilla empatara, igual que privaron a la Real Sociedad de la victoria. Plaza difícil, ayuda arbitral segura. Eso es lo que se va a encontrar el Madrid en el Camp Nou (sábado a las 16:15 en beIN Connect. Si lo quieres ver, haz click aquí).
Eso y los rocambolescos giros del fútbol (todo el fútbol en beIN Connect, por cierto). Allí donde el Madrid va como favorito, se encuentra con un tortazo de realidad. Justo cuando el rival se encuentra en su peor momento, va el Madrid y lo recupera para la causa en lugar de darle una estocada definitiva. El Madrid saldrá de Barcelona con tres puntos de ventaja, al menos un expulsado y una crisis del tamaño de la poca vergüenza de los periodistas catalanes. Después de más de treinta partidos sin conocer la derrota, el Madrid estará al borde de la desaparición, a Zidane lo sustentaba en el cargo su flor y a Cristiano mejor que le entreguen un Huevo Kinder en lugar del Balón de Oro.

 
Si por casualidad ganáramos, si ocurriera un milagro y al menos el Madrid sacara un empate para dejar las cosas como están, que nadie dude de que el dinero le habrá ganado a la cantera, a ese Barcelona que tiene en su once a ocho futbolistas catalanes, a un Neymar que fue un regalo que los Reyes Magos dejaron un verano en las instalaciones azulgranas y cosas por el estilo. Si el Madrid puntúa como hizo el Alavés, como hizo el Málaga, como cerca estuvo de hacer el Granada, se mirarán todas y cada una de sus jugadas con lupa. La Cope tratará de buscar una alineación indebida, Carlos Martínez, Michael Robinson y Maldini buscarán fueras de juego con escuadra y cartabón en el mismo césped dos días después de que haya finalizado el partido y el diario As examinará minuciosamente el tiempo de descuento, porque lo de Lisboa no puede volver a pasar jamás. Si es necesario, dos años después aparecerá un culé en la puerta de un juzgado denunciando un gol de Cristiano Ronaldo.

 
No vamos a ganar como ganamos en el Calderón. Ya fue suficiente con que nos dejaran ganar allí. No nos van a permitir abusar ni que nos vayamos a jugar el Mundial de Clubes con casi una decena de puntos de ventaja, volver con la escarapela de campeones del mundo en la camiseta y comenzar a tirar por la borda en la competición domestica todo lo ganado hasta ese momento. Yo ya he vivido todo esto y no quiero que se repita la historia como ya sucedió en Tenerife.

*Disfruta del clásico en beIN Connect. El fútbol se ve de otra manera:


No le quedará otra al Madrid que pelear esta Liga como si hubiera estamentos detrás que quieren evitar que la gane. Tendrá que correr más que los demás, con el riesgo de que los llamen atletas de manera peyorativa. Hay que llegar medio segundo antes que el rival a todos los balones, aunque te toque el Jordi Alba de turno retorciéndose de dolor en el suelo como si lo hubieras tocado, pidiendo a gritos una ambulancia para la evacuación y, a continuación, estar corriendo otra vez como si nada, como si todo hubiera sido fingido, con esa cara de cerdito Babe macarra. Si el Madrid quiere ganar la Liga, tendrá que aferrarse fuertemente a los guantes de Keylor Navas, al abrigo de Zidane, a los goles a puerta vacía de Cristiano, al exterior del pie de Modric, al corazón de Casemiro, a la magia de Isco, a la samba en la banda de Marcelo. Para que la Liga trigésimo tercera sea una realidad hay que sobreponerse a los penaltis de Sergio Ramos y Pepe, a lo que el árbitro que toque en cada encuentro se invente, a las declaraciones malintencionadas de Gaspart, a las risas de ese bufón llamado Cristóbal Soria y a los tuits de Piqué.

 
La Cibeles lleva años sin ponerse su traje de campeona de Liga. Entre unas cosas y otras, llámese desidia de los nuestros o injusticias por parte de otros, se le va a quedar anticuado. Hay que renovarle el vestuario a la diosa, aunque no nos vayan a dejar.

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