El Barcelona ha encontrado como excusa para no hacernos pasillo tras proclamarnos campeones del mundo el hecho de no haber participado en el Mundial de Clubes, cosa que sí le hicieron al Sevilla cuando los de Nervión fueron campeones de la Europa League, pese a que ellos tampoco jugaron dicha competición. Cosas del seny blaugrana, ese que siempre está en boca de sus jugadores, dirigentes y periodistas, pero que brilla por su ausencia.

El pasillo, al tocarle hacerlo al Barcelona, tiene más de morbo y humillación que de otra cosa; lo verdaderamente importante, lo verdaderamente serio y lo único que importa es ganarles y poder así engancharnos a una Liga que ya en octubre se antojaba difícil. Ese debe ser el auténtico pasillo, conseguir la victoria ante un equipo que, por unas cosas o por otras que todos sabemos, aún no conoce la derrota en el campeonato doméstico. Enfilar el camino hacia los vestuarios con los tres puntos en poder del Real Madrid después de los noventa minutos reglamentarios es el único pasillo que nos importa. Allá ellos con su deportividad y su seny, con sus valores y su moral.

Pasillo es habernos proclamado campeones de Europa durante dos temporadas consecutivas y, por ende, campeones del mundo. Pasillo son las doce Copas que viven en el Bernabéu y las treinta y tres Ligas. Pasillo son los Balones de Oro de Cristiano Ronaldo arrebatados al que definen como mejor jugador de la historia y el baño que les dimos en la Supercopa de España, con un jugador menos y triquiñuelas arbitrales de por medio. Pasillo es que Isco, Asensio, Theo y Ceballos nos eligieran a nosotros y no a ellos. Pasillo es ser el mejor club del mundo desde que el fútbol existe.

 

Llevamos toda una vida, más de un siglo, la historia entera, sacándoles una ventaja abismal. Ni en su mejor época, con el mejor jugador que han tenido jamás, han conseguido superarnos, ni tan siquiera igualarnos. Ese escozor, esa rabia, esa envidia, esa bilis ya es suficiente pasillo.

 

El sábado no vale otra cosa que no sea ganarles. Por lo civil o por lo criminal. Una derrota o un empate y podemos despedirnos definitivamente de la Liga sin haber llegado ni al ecuador de la competición. Que sean las ganas y la motivación el pasillo que se niegan a hacernos.

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