Cumplió otra vez el Real Madrid de Zidane en competición europea, eso sí, esta vez tocó sufrir, no tanto como otras veces, pero sí durante bastante tiempo. San Paolo, a sabiendas de la importancia de la noche, recibió al Madrid por todo lo alto, en una caldera a rebosar para empujar aún más, a sus onces jugadores. Y si en la ida no surtió efecto, esta vez el Nápoles sí que lo lograría.

Comienzo intenso, presión alta de los de Sarri y dominio desde el comienzo. El Madrid había salido más dubitativo y esperaba rezagado atrás, en busca de encontrar un espacio que pudieran aprovechar los tres hombres de arriba, la BBC. Lejos de eso, el Nápoles dominó tranquilo y cómodo, y comenzó a generar peligro a través de las botas de sus hombres más creativos: Hamsik, Insine y Mertens. Este último, tras una gran jugada de los tres, no perdonó ante Keylor y puso en pie al estadio, alentando a los suyos y haciendo creer en la remontada. El Madrid esta vez no tuvo respuesta como en el Santiago Bernabéu, y tocó sufrir. Pero como en la mayoría de grandes noches europeas desde aquel 2014, Ramos volvió a aparecer. Y lo volvió a hacer por partida doble para tocar, rematar y hundir al Nápoles. La estocada, definitiva en todo su esplendor, giró las tornas del encuentro y dejó una noche tensa en el infierno napolitano como un ligero y relajado paseo por tierras italianas.

Con poco o nada ya en juego, el mero tramite del juego se volvió más tedioso y lento. Los de Sarri buscaban ese algo al que aferrarse, pero acabaron silenciados por un Morata que recordó sus tiempos en Turín, y les dejó claro que en Europa, el Madrid no teme a nada ni nadie. Ahora toca esperar al viernes que viene para conocer nuestro rival de cuartos.

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