La memoria a largo plazo, almacena recuerdos por un período de tiempo que puede prolongarse desde unos pocos días hasta décadas, sin que se le presuponga límite alguno de capacidad o duración. Debido al hecho de que lo almacenado en ella es susceptible de desvanecerse dentro del proceso natural del olvido, el mantenimiento de éstos durante un espacio de tiempo prolongado depende del grado de profundidad con que se haya procesado la información, así como de las repetidas recuperaciones que se hagan periódicamente de los contenidos almacenados.

Cargado de plutonio, y con el condensador de fluzo a punto, activaría los circuitos de tiempo del DeLorean con la siguiente fecha y hora de destino: 21 de abril de 2012 a las 21:26 horas, justo un minuto antes de que Cristiano Ronaldo batiera en el Camp Nou a Valdés (estableciendo un 1-2 que suponía una grandiosa Liga), señalándose a sí mismo, agitando de arriba a abajo su mano derecha, exultando calma sin clemencia, suponiendo la primera clase de alemán de un (a la postre) sucumbido Pep. Ese majestuoso momento supuso el fin de la supremacía culé, un equipazo -hasta entonces- invencible forjado a base de todos los títulos, llegando a adquirir su destronamiento tintes de utopía.

Una vez trasladado a su instante previo, os introduciría en la máquina del tiempo, volviendo hasta hoy, arrancando de vuestra memoria a largo plazo aquel recuerdo, con lo que os privaría de ese privilegio, a todos y cada uno de los que en la actualidad, tanto en la vida real como en la virtual, festejáis las desgracias del principal artifice de aquello: José Mourinho. Recapitulemos.

Cuando el luso desembarca en el Real Madrid en 2010, el bagaje del equipo blanco durante el último lustro es, cuanto menos paupérrimo: 2 Ligas; 1 Supercopa de España; 5 eliminaciones en octavos de final de Champions League; y 5 ridículos en Copa del Rey. Un total, de seis entrenadores distintos, ninguno de ellos capaz de realizar en Europa un papel digno del club blanco. Una sangría de técnicos los cuales fueron cayendo uno a uno nada más comenzar las eliminatorias de ida y vuelta. Arsenal, Bayern de Munich, Roma, Liverpool, y Olympique de Lyon, actuaron como verdugos. A lo que hay que unir, los estrepitosos descalabros llevados a cabo en Copa: Zaragoza en semifinales del 2006 (con un 6-1 en la ida de La Romareda); Betis y Mallorca en octavos de final de los años 2007 y 2008; y Real Unión de Irún y Alcorcón en los dieciseisavos de 2009 y 2010. Amén de haber perdido por completo cualquier tipo de competitividad frente a un Barça que campaba a sus anchas, tanto por aquí como por allí.

Sin estar en ocasiones de acuerdo con su proceder fuera del campo, lo que no se le puede negar al entrenador portugués, durante las tres temporadas que estuvo en el Club, es haber conseguido rescatarlo de la más inmunda cloaca futbolística, situándolo en el lugar de donde jamás hubo de salir, recuperando el prestigio olvidado tanto en España (consiguiendo una de las mejores Ligas de la historia, y dejando al equipo ganándole con los suplentes al Barça) como en Europa (llegando a tres semifinales consecutivas en las que, por diferentes razones, y careciendo de esa pizca de fortuna siempre necesaria en estos casos, no se pudo conseguir alcanzar la tan ansiada Final). Para ello desplegó -hasta que los jugadores quisieron- un fútbol eléctrico capaz de levantar a cualquiera del asiento.

02 SECUNDARIA

En lo que se refiere a títulos físicos, consiguió pocos: 3. De los que se hartó de conseguir, fue de aquellos que no lucen en las vitrinas, pero que sin éstos, las salas de trofeos andarían vacías, partiéndose para ello (en numerosas ocasiones) él solo la cara contra todo y todos. Me apena ver a madridistas renegando hoy de él, alegrándose de sus desgracias, como otorgando de razón al más vil ejercicio de carroñerismo periodístico vivido hasta la fecha. Jamás se ha visto una campaña de acoso y derribo igual. No entiendo cómo se puede guardar un recuerdo negativo de él, y al mismo tiempo, uno positivo de, por ejemplo, no sé: ¿Pellegrini?

Considero, que en lugar de repudiarle, habría que estarle eternamente agradecido, y cabría desearle siempre lo mejor. Quizá algún día vuelva. Quién sabe. Por qué no. Regresando al presente: larga vida y todos los éxitos posibles a nuestro actual técnico, Rafa Benítez.

De los muchos títulos no tangibles que logró -o más bien rescató- Mourinho, existe uno que hace claramente decantarme por él, resumiendo para mí, lo que supone el inmenso privilegio de llevar ese escudo redondito incrustado al pecho:

“El señorío del Real Madrid, no es filosofía barata; el señorío del Real Madrid, es morir en el campo”.

@carlosam_

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