Cuando el Real Madrid gana un título, el que sea, aunque últimamente le ha dado por ganar Copas de Europa, me inunda una felicidad que difícilmente se puede explicar con palabras. El clímax me puede llegar a durar varios días. Incluso meses si, como en este caso, todas las competiciones han terminado. Lo disfruto, lo saboreo, me recorre todo el cuerpo, me acuesto dichosa y me levanto radiante de alegría. A todo esto colaboran también todos aquellos a los que un título del Real Madrid les produce el efecto contrario. Rabia, odio, envidia, escozor. En definitiva, un mar de bilis en el que llevan tres años consecutivos ahogándose.

La Décima, la Undécima, la Duodécima, la Decimotercera…demasiado en muy poco tiempo para el antimadridismo. Debe ser difícil de digerir. El Real Madrid es el club de fútbol más importante del mundo y hay que desprestigiarlo. Como sea. A cualquier precio y caiga quien caiga. No importa ya que el centro de las críticas sea el capitán de la selección española, si hay que quitarle mérito al club en el que juega se le descuartiza. Si hay que inventar, se inventa. Si hay que llamarlo asesino, se le llama. No hay que medir las palabras, el odio es más fuerte que cualquier otra cosa. Se lo lleva todo por delante.

 

Si Karius sufrió una conmoción cerebral, todos los que señalan a Sergio Ramos como culpable padecen una conmoción biliosa. Y a mí me encanta. Me encanta el olor a conmoción biliosa. A cualquier hora del día. Disfruto como un cochino en el barro viendo rabiar al antimadridismo. Es un gustazo tremendo ver a ese culé, a ese atlético, a ese valencianista o a ese sevillista tratando de encontrar razones, buscando excusas, poniéndole “peros” a la hazaña conseguida por el Real Madrid. Su odio también forma parte de nuestro éxito. Su envidia nos hace más grandes, si cabe. Rabiad más fuerte, no quiero dejar de escuchar nunca vuestro grito desconsolado, ese dolor que tenéis incrustado en el pecho es redondo y termina en una corona, se llama Real Madrid y no puede parar de ganar Copas de Europa. Soltadlo todo, no os quedéis con ello dentro. No es bueno, es una enfermedad. Se llama madriditis y se agudiza sobre todo en primavera. No tiene cura. Sólo una bomba atómica sobre Chamartín podría salvaros. Y aún así, tampoco os fiéis, somos los más grandes también resurgiendo de nuestras cenizas.

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