Pocas cosas se me antojan más perfectas que una contra del Madrid. Quizás una madre besando a un hijo, como dice Luis Ramiro en su canción “Perfecta”.

 

Cuando el equipo de Zidane lanza un contragolpe, con medio equipo galopando hacia la portería contraria, con esos pases milimétricos, al pie o al espacio, el rival mirando hacia un lado y hacia otro, incapaz de romper la magia, de arrebatarle belleza a la perfección de esas asociaciones, no me queda otra que enamorarme de ese otro fútbol que solamente es válido y poético cuando no es el Madrid el que hace uso de él. Donde esté el balón atravesando el campo de una portería a otra a la velocidad de la luz, que se quite ese tiquitaca aburrido del portero a la defensa y vuelta a empezar.

PARTIDO LIGA SANTANDER JORNADA N 8, REAL BETIS BALOMPIE- REAL MADRID, ESTADIO BENITO VILLAMARIN Cordon Press PUBLICATIONxINxGERxSUIxAUTxHUNxONLY xJUANxGUERRAx xPARTIDOx Partido League Santander Jornada n 8 Real Betis Balompie Real Madrid Estadio Benito Villa Marin Cordon Press PUBLICATIONxINxGERxSUIxAUTxHUNxONLY xJUANxGUERRAx xPARTIDOx

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Corre el Madrid y arrasa los árboles que no ardieron en Múnich. Galopa el Madrid y silencia el Camp Nou y la independencia. Se estira el Madrid vestido de nazareno y al Villamarín, siempre risueño y gracioso, se le acaban los chistes. Somos letales cuando arrancamos el AVE, cuando dejamos que la pelota corra y corra y corra con el cuero viendo cada vez más cerca la red.

 

Las contras del Madrid son una luz en la oscuridad, una hazaña eventual de un equipo que dicen que no juega a nada. El mundo está lleno de envidioso y de antimadridistas, aunque quizás sean los mismos. Carlos Martínez, Michael Robinson y Maldini ya no lo soportaban más. El Real jugaba sin estilo un fútbol sublime y Carlitos no pronunció ni una vez la palabra “coral”, un término que se convierte en estribillo cuando retransmiten al Barcelona. A Bale se le ocurrió tirarse en la segunda parte, en plan coña, claro, que estábamos en Sevilla y había que hacer la gracia, y los tres tenores del antimadridismo ya tenían material suficiente para los siguientes diez minutos. Maldini incluso aventuró que Bale ya era carne de “El día después”. Yo no descarto que incluso hagan una película del piscinazo del galés. La cuenta de Twitter de “El día del fútbol” se atrevía a ser justiciera e instaba a Gareth a no volverlo a hacer, obviando las decenas y decenas de piscinazos que se suceden en Barcelona cada temporada, a lo que hay que sumar ahora las agresiones que tienen lugar jornada sí y jornada también a cargo de Luis Súarez, de las que, casualmente, siempre sale impune. El uruguayo es tan buen futbolista como mal deportista.

 

Se gustó y nos gustó el Madrid en Sevilla, donde llegó después de cuatro empates consecutivos, medio millón de lesiones y un aburrido parón de selecciones de por medio. Para quitarle mérito al Real, hay quien dice que el Betis no compitió, algo que por supuesto sí hicieron el Deportivo de la Coruña y el Granada. Marcelo volvió como si nunca se hubiera ido, Kroos fue lo de siempre, la elegancia más segura. Isco anotó un doblete, uno por empeño de Pepe desde el principio hasta el final y otro fruto de esa magia que todos sabemos que tiene y que sólo nos ofrece con cuentagotas. Hubo intensidad, hubo concentración, hubo ganas, hubo actitud y no hubo ningún penalti en contra. Tal vez porque Sergio Ramos no estaba.

 

Salió el Madrid de la capital andaluza con un niño de Bormujos llorando a lágrima viva porque Keylor Navas es su ídolo. El costarricense le firmó y se fotografió con él, en lo que fue la única acción del meta en tierras sevillanas. Sólo los goles nos privan del liderato en solitario, a pesar de nuestra pegada, esa que sobre todo exhibimos ante el Éibar de un Pedro León que corrió aquel día como si le persiguiera la Guardia Civil por los campos de Castilla. Toca la Champions, con el embrión de la Duodécima tomando forma.

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