Ya está el Madrid otra vez, pluma en mano, sentado de delante de una hoja en blanco, dispuesto de nuevo a escribir una página gloriosa, renglones de oro. Como nadie hasta ahora había ganado dos Champions League consecutivas, nadie hasta ahora se ha coronado dos veces seguidas campeón del mundo. Y ahí está el Madrid, dispuesto a ello.
Esta vez estamos en Abu Dhabi. No importa el lugar. Vamos donde nos manden, que en cualquier rincón del planeta hay madridistas con ganas de ver a su equipo levantar un título y animar como si fuese la última vez. Ganar el Mundial de Clubes significa ser campeones del mundo, que suena más fuerte de lo que a priori, por la entidad de los rivales, parece ser. Fácil, diría cualquiera, pero no hay que olvidar que quien se enfrenta al Madrid está ante la oportunidad de su vida, que juegan como si no hubiera un mañana, sabedores de que los ojos del mundo entero están en ese momento puestos en ese partido, aunque no sea por ellos, sino por el Real.

Todo lo que no sea estar en la final y ganarla es un fracaso. Lo es si te llamas Real Madrid. Si te llamas Atlético de Madrid puedes hacer el ridículo en la fase de grupos de la Copa de Europa que tu entrenador saldrá diciendo que es un paso hacia adelante y que lo importante es jugar con esa camiseta, no los títulos. Después, medio segundo de silencio y el aplauso fácil del periodismo español. Pero mediocres aparte, nosotros a lo nuestro, que esa gente de finales lo único que sabe es perderlas.

Ganar el Mundial es echarle el cierre al año 2017 con otro título, que sería el quinto. No estaría nada mal para el entrenador que no le ganó a La Roda y estaría aún mejor de cara a al partido contra el Barcelona. Ganar el Mundial es ver a Sergio Ramos levantando otra Copa al cielo, los nuestros con otra medalla al cuello y los antimadridistas navegando en su mar de bilis.

El Madrid está sentado delante de una hoja en blanco, concentrado en hacer historia, en que su nombre vuelva a escribirse en un trofeo. Algún día tendrán que estudiarnos en los colegios. Todavía no entiendo por qué, si no dejamos de hacer historia, no estamos en los libros de Historia. Somos un ejemplo. Ejemplo de superación, de lucha constante, de clase y señorío. Somos el que se cae y se levanta, solos ante la adversidad, queridos y odiados por igual, como todos los grandes. Y en el mundo del fútbol, somos el más grande. Somos parte de la Historia desde hace más de un siglo.

Deben quedar tres partidos para decirle adiós al año 2017. Hay que ganar los tres. Dos de ellos nos harían campeones del mundo y el tercero nos haría soñar con la Liga. Una Liga de la que nadie dijo esta vez que estuviera peligrosamente preparada, pero lo parece…
Paula Pineda.

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