Lo ridículo es que un gurú del fútbol como Julio Maldonado, Maldini, dijera que Modric no es un jugador para el Real Madrid o que Del Bosque afirme que no es absolutamente necesario que Pedro, entonces jugador del Barcelona y ahora del Chelsea, juegue para ir con la selección y un mes después mover el bigote para decir sin vergüenza de ninguna clase que si David De Gea no juega con el Manchester United tendrá muy difícil ir con España a la Eurocopa de Francia.

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Ridículas son las portadas del diario Sport diciendo que iban a fichar a Cristiano Ronaldo y Kaká, que el Barcelona tenía apalabrado a Özil y que Benzema sería el nuevo Eto’o en el club del país imaginario de ahí arriba. Ridículo es también que digan que el fichaje de Modric fue una cortina de humo para tapar vergüenzas, que Song es un crack, que Neymar había fichado a Danilo por la amistad que les une, que Bale forzaría su salida del Tottenham para terminar vistiendo de azulgrana y que Beckham tenía un preacuerdo con Juan Laporta.
Ridículo es que Santiago Segurola abra la boca para decir que Gareth Frank Bale no sabe jugar al fútbol y que el diario Marca haga uso de su portada para contar que el galés tiene una hernia. Ridículo es Albelda comentando un partido en la radio sobrado de chulería que se tornó en risas para los restos:
-“Hugo, te digo una cosa, eh? No he visto peligrar la eliminatoria en ningún momento”.
-“Espera, David, que queda un minuto”.
-“Sí…hombre…no quiero ser gafe, lo digo por el bien del Valencia…”.
-“Goool de M’biaaa!!! Goool del Sevilaaa!!!”.
-“No me jodas, coño!!! Joder!!! No me jodas! Qué injusto, macho! Madre de Dios! Eso nos faltaba para acabar el año. Joder!”.
Eso sí que fue hacer el ridículo.
Como lo es también José Ramón Fernández al escribir en Twitter que el caso De Gea es el último estallido provocado por la pólvora que Mourinho esparció en las porterías del Bernabéu o Luque y su madriditis, que le lleva a asegurar que el Madrid ha dejado tirado al portero de los Diablos Rojos. Otro caso de ridículo avanzado es Pedro Pablo San Martín, que a su edad se atrevió a mandar un mensaje de amenaza subliminal al guardameta.
Ridículos son algunos aficionados del Atlético de Madrid, esos que se autodenominan la mejor afición del mundo, deseándole la muerte al que unos años defendió su portería y su colores; así como los seguidores culés que no se cansan de dar lecciones morales y éticas acerca de cómo tratar a un jugador después de que el Barcelona llegara a no pagar a Abidal cuando éste estaba enfermo. Y también lo son esos madridistas que van al Bernabéu a pitar a Bale o Cristiano.

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Ridículos son los periodistas que, con ánimo de crear debates innecesarios para desestabilizar, se preguntan si James Rodríguez seguirá los pasos de Kaká en el Real Madrid o si Casillas y Mourinho se saludarán cuando les toque enfrentarse en la Champions League. Ridícula es Susana Guasch preguntándole a Butragueño si el Barcelona superará al Real Madrid en Copas de Europa y ridículo es Carlos Martínez llamando niñato a Isco al mismo tiempo que salva a Busquets y Piqué de cualquier fechoría.
Ridículo es Luis Racionero escribiendo en el diario Mundo Deportivo que el Barcelona perdió la Supercopa de España por culpa de Villar, que nombró árbitro del encuentro a Velasco Carballo y ridículo es Cristóbal Soria en todas y cada una de sus apariciones televisivas. Ridículo mayúsculo también el de Aritz Gabilondo hablando de Illarramendi y Juanma Trueba con su poesía enfermiza sobre José Mourinho.
Ridículo es considerarse el mejor club del mundo teniendo sólo cinco Copas de Europa, algunas de ellas llevadas hasta las vitrinas del Campo Nuevo con sonados escándalos arbitrales o creerse mandar en la capital de España con cero Champions en su haber y apenas un par de finales jugadas y perdidas en el descuento en más de cien años de historia.
Ridículo es Alfredo Relaño y el odio que alberga, así como Tomás Roncero y su bandera de lo cateto y casposo. Ridículo es Manolo Lama y Manu Carreño con su programa al completo. Ridículos son Juanma Castaño y Antón Meana; como lo es también tener de comentarista a Manu Sarabia y Michael Robinson. Ridículo es De la Morena y el aprendiz de Lama, Antonio Romero. Y más si cabe lo es Fernando Burgos y su amor platónico por Casillas.
Lo ocurrido con David De Gea no es un ridículo del Real Madrid, sino una negligencia profesional por parte del Manchester United. Todo lo enumerado anteriormente sí es verdaderamente ridículo.

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