Llegó la hora. Es el momento de hacer lo que no hemos visto en toda la temporada. O al menos, desde agosto. Llegó la hora de luchar, de demostrar que no somos el montón de mierda que dicen que somos.

 

Un futbolista llega siempre al Real Madrid para ganar la Copa de Europa, para vivir noches como la del miércoles. Un madridista vive su madridismo esperando eliminatorias como la que se nos presenta el día 14. Llevamos dos meses pensando en esa fecha, soñando con esa fecha, sufriendo con esa fecha.

 

A pesar de la desastrosa temporada en el campeonato de Liga y en la Copa del Rey, aquí está el madridismo. Nosotros nunca fallamos. Es imposible que podamos sacarnos del cuerpo el amor que sentimos por el Real Madrid. Otra vez ilusionados, esperanzados, expectantes, nerviosos. Rotos por los numerosos tropiezos, pero levantándonos para alentar al equipo. Ese es nuestro oficio. El de los jugadores debe ser correspondernos con entrega y lucha.

Este madridismo que masticamos no merece más desidia, sino todo lo contrario. Estamos deseosos de volver a ver al equipo que pasaba por encima del cadáver de su adversario, haciéndole saber quiénes somos, el escudo que llevamos y la hazaña que traemos entre manos. ¿Qué es eso de que nos pueda ganar cualquiera, como está sucediendo esta temporada? La derrota en el deporte es una opción, claro que sí. Pero no a cualquier precio, no de cualquier manera. No se entregan las armas sin haberte entregado antes a la batalla en cuerpo y alma.

No hay distancia afectiva entre el Real Madrid y la Copa de Europa. Es un amor conocido y reconocido en el mundo entero. Un amor correspondido, además. La ilusión sigue intacta. Esto que me mueve el cuerpo por dentro estos días no es otra cosa sino nervios. No podemos permitirnos más renuncios. Los jugadores rompieron la baraja y se quedaron con una única carta, la de la Champions. Que vayan a por ella con todo, pues. Será duro, será angustioso, será largo o será corto, dependiendo del marcador, pero lo que no puede volver a ser es una vergüenza.

 

Que salgan al césped y creen un clima de guerra, que traten al rival de tú a tú y al escudo de usted, que ya está bien de pisotearlo esta temporada. Que se muerdan los labios y se dejen el alma, que hagan desatar el delirio en las gradas. Que nadie se arrugue, que se juramenten darlo todo, toda la fibra y todo el sudor. Hay que ganar el partido con sangre, sin contemplaciones, siendo el Real Madrid.

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