Se ha colocado el Madrid al frente de la clasificación por méritos propios, con paciencia, sin juego, sin estilo y, sobre todo, sin robos. No pueden decir lo mismo los del país imaginario, que siguen enganchados a los primeros puestos gracias a su tridente favorito: gol en fuera de juego, penalti y expulsión. Mestalla fue el último lugar en el que tuvieron que echar mano de alguna de estas ayudas. Pero que no se quejen demasiado en la ciudad del Turia, al fin y al cabo, el Valencia es un filial del Barcelona, al que nutren de jugadores con tal de que no sea el Real Madrid quien se haga con el servicio de sus futbolistas.

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El Madrid se hizo con el liderato en una noche lluviosa y desapacible, más propia del viejo San Mamés que del Bernabéu. Unas horas antes, el Atleti cosechaba su primera derrota en Sevilla, un equipo con el que Simeone aún no había perdido. El equipo de Zidane golpeó pronto en el marcador, pero no fue el primero. Este honor fue para Raúl García, que a los tres minutos de encuentro ya le había dejado su tarjeta de visita a Isco. Benzema abrió el marcador y todo se aventuraba como una noche tranquila en Chamartín, a pesar de las inclemencias del tiempo. No fue así. El Athletic empató en el ecuador de la primera mitad y había que volver a remar, nunca mejor dicho.

 

El Madrid, tirando de su famosa pegada, fallaba una ocasión detrás de otra. El Bernabéu se impacientaba y los entrenadores de Twitter empezaban a exigirle cambios a Zidane. Los de siempre. Lucas Vázquez y Morata por lo fácil, Isco y Benzema. Tras los cambios, el partido cogió más revoluciones y el equipo comenzó a carburar mejor. Los centros volaban hacia el área del Athletic sin encontrar nunca un rematador claro ni franco. Los leones resolvían con facilidad cada jugada de ataque. No sucedía lo mismo en las inmediaciones de Keylor Navas. Si el Athletic se acercaba a la portería del tico, había runrún en el Bernabéu. No se pusieron por delante en el marcador porque los dioses esta vez sí se aliaron con nosotros. Para desesperación de otro gran tridente del antimadridismo (Maldini, Carlos Martínez y Michael Robinson) Morata celebró su cumpleaños con el gol que a la postre le iba a dar la victoria al Madrid. Restaban siete minutos para el final y el añadido. En ese tiempo le dio tiempo a Varane, valga la redundancia, a hacer que apretáramos los esfínteres cuando en una mala cesión a Keylor Navas los de Bilbao casi empatan el encuentro. Menos mal que el meta blanco es más rápido que la luz y desbarató la algarabía del equipo visitante y, sobre todo, de los que esperan desesperados ya una derrota blanca.

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Ahí estamos, en lo más alto de la clasificación, con una plaga de lesiones, un estadio que según el medio que leas pita o aplaude y un Cristiano Ronaldo al que una no sabe si reprender por su egoísmo o abrazarlo por su esfuerzo y dedicación. Algunos ya han pasado por los estadios más difíciles de la Liga, saliendo de allí con los tres puntos y la mochila del atraco. El Madrid no cuenta con este paracaídas. Tampoco es que queramos que nos ayuden, que luego pasa como con el (no) penalti a Pepe en Elche, que es recordado por los siglos de los siglos. Otros, en cambio, coleccionan atracos a mano armada jornada tras jornada y los medios pasan por alto estos pequeños detalles. Aunque lo de Valencia fue tan gordo, tan escandaloso, tan vergonzoso que los principales diarios de Europa sí se hicieron eco de la chorizada del Barcelona en Mestalla. El Madrid, como reza su himno, a triunfar en buena lid.

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