Una no sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Y eso es lo que nos ha pasado con el adiós de Zidane. Ya le dábamos el mérito que tenía, ahí están sus títulos. Ya sabíamos que estaba siendo uno de los entrenadores más importantes de la historia del Madrid, ahí están los resultados. Ya éramos conscientes de todo lo que había conseguido. Pero por lo inesperado, por lo precipitado que ha sido todo, porque nos hemos quedado con el corazón roto le damos aún más valor a Zidane. Sabíamos que le queríamos, pero no contábamos con quererlo tanto, tan fuerte, hasta que ha dicho que se iba. Y así nos ha dejado, huérfanos, llorando su partida, como si el mundo se hubiera acabado con él, como si mañana no volviera a amanecer o, lo que es peor, como si el Madrid no vaya a saber levantarse después de su marcha.

Zidane no supo ganarle a La Roda, hizo algo mucho más importante, aparte de ganar tres Copa de Europa consecutivas, se ganó el corazón de todos los madridistas. Y eso, para un hombre de club como él, es tan grande como levantar un título. Ha tenido que decir que se iba para que, los que se rieron de su incorporación al banquillo, le dieran el aplauso que a otro le regalaron por perder lo que Zidane ha ganado en tres ocasiones como entrenador.

 

Ahora mismo me cuesta imaginarme un Real Madrid sin él. Exactamente igual que cuando colgó las botas. No se va a ganar más dinero a miles de kilómetros del Bernabéu. No se va reclamando un céntimo ni despedidas multitudinarias. Se va como es él, con elegancia, con humildad, en lo más alto, sin hacer mucho ruido, sin dejar grandes titulares ni buscar focos que caigan sobre él. Zidane se va cuando él quiere y volverá cuando él quiera porque es tan Real Madrid como el escudo.

Sólo caben palabras de agradecimiento a Zizou. Por todo. Desde el minuto uno, cuando nos sorprendió que fuera el elegido por Florentino, hasta el último segundo, cuando nos ha vuelto a sorprender diciendo que se va.

Gracias por tu madridismo, sincero y honesto. No hace falta ser español ni canterano para amar nuestros colores. Gracias por tu valentía al afrontar el reto de tu vida. Tu legado será eterno. Gracias por todas y cada una de tus sonrisas, por todos y cada uno de tus silencios. Gracias por habernos hecho disfrutar como nadie, por tantísima felicidad cada primavera. Gracias por tu flor, la vamos a seguir regando cada día. Gracias por darnos las gracias siempre a nosotros, al madridismo, siendo consciente de que somos parte del club. Gracias por tu manera de dictar sentencia en cada rueda de prensa, por no casarte con nadie, por ser siempre tú.

Gracias por ser un caballero del honor, un tío normal al que hemos llegado a querer, al que ya queríamos, como si fueras parte de nuestra familia. Gracias por venir al más grande para hacerlo aún más grande. Gracias por cambiar nuestra historia, por cada ciudad europea conquistada, por estar siempre a la altura del escudo, por cuidarlo y amarlo. Gracias por dejarnos las vitrinas llenas, pero el hambre intacto. Gracias por tu dedicación, por tu pasión, por tu profesionalidad, por saber estar siempre en cada situación.

Gracias por ganar y ganar y ganar y volver a ganar. Gracias por ser tan extraordinario, tan legendario, tan único. Gracias por venir, ver y vencer. Te decimos adiós con la mano y la otra sobre el corazón, los ojos llorosos y la incertidumbre instalada en nuestras vidas. Ha sido un placer. No tardes en volver.

Share

Sobre El Autor