La undécima

El sonido de la pelota estrellándose contra la red de Oblak precedió a un bramido mundial de júbilo que, como dos años atrás, atestiguaba que la leyenda del Real Madrid no conoce fronteras tangibles, palpables, reales o ficticias. Este equipo supera cualquier barrera conocida y por conocer.

La undécima significa eso, la constatación de la grandeza del Madrid, volver a cruzar los límites de lo imaginable, dar un nuevo puñetazo a la mesa del fútbol mundial con tono rudo y cara de pocos amigos para poner las cosas en su sitio. La undécima es honor y casta, lucha y entrega. Es el premio a una plantilla que parecía muerta en Navidad y ahora, apenas cuatro meses más tarde, se erige campeona de Europa. La undécima es tesón, empeño, tenacidad y una voluntad absoluta de elevar a rango de leyenda a una institución deportiva que no conoce comparación.

La undécima es pasión, la de vivir por primera vez en la historia una final desde el punto de penalti. Habíamos visto cabezazos milagrosos, voleas de ensueño o goleadas históricas, pero nunca el dios del fútbol nos había hecho sufrir desde los once metros. No importó, al Madrid nunca le importa el cómo, el dónde o el cuándo, ya que sólo tiene como meta el único fin para el que nació: vencer siempre y a toda costa, cueste lo que cueste y pese a quien le pese.

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La undécima es una pieza más en un museo que parece no tener fin, que alberga tantos trofeos que la vista apenas alcanza a poder contar. Es rabia contenida y clase en las botas de una plantilla confeccionada para arrasar allá por donde vaya, como las tropas de Aníbal cruzando los Alpes. Es concentración, profesionalidad y trabajo duro y constante. La undécima nos ha enseñado a todos que, por muy mal que vayan las cosas, este equipo de escudo real y una banda morada cruzada siempre se levanta, jamás se rinde, nada lo amilana y todo lo puede. El Real Madrid es el equipo más grande de cuantos existen por la sencilla razón de que siempre ha estado ahí alzando trofeos al cielo de cientos de ciudades. No es una moda pasajera, es una realidad eterna.

La undécima es fe, técnica y belleza. Es un pase en corto de Luka, una galopada de Bale, una estirada de Keylor y un testarazo de Ramos. La undécima es el ‘siu’ de Cristiano, la sonrisa de Zidane o la gestión de un presidente al que ya sólo don Santiago Bernabéu supera en Copas de Europa. La undécima es el Live Forever de Arbeloa y todas y cada una de las lágrimas de alegría de los millones de aficionados de todo el mundo que amamos a este bendito club. Y la undécima, queridos amigos, es también todas y cada una de las lágrimas de envidia, tristeza y odio que ayer derramaron todos nuestros enemigos. Esas, no les quepa duda, nos engrandecen todavía más.

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La undécima es el cava descorchado en las calles de todo el mundo. Las sonrisas y los abrazos que ayer todos nos dimos con nuestros seres más queridos. Es la resaca de esta mañana y los especiales de los informativos deportivos narrando nuestra grandeza. La undécima son palabras y gestos, son números y cábalas, son partidos duros y exhibiciones magistrales, pases y goles, muchos goles. Sin embargo, la undécima dejó de ser ayer una cosa para siempre: un sueño que parecía imposible. Y es que si hay algo de lo que el Real Madrid puede presumir es que siempre, siempre, es capaz de hacer que tus sueños se conviertan en una preciosa realidad.

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