Por Simón Escudero, @ximof10 

Los entrenadores son personas que no tienen familia, ni amigos y podemos decir que no son personas normales, viven sólo para dirigir a sus equipos. En las derrotas es cuando más podemos observar esa soledad en la que habitan. Por todos es sabido como el Real Madrid tritura entrenadores, sin importar su pasado glorioso, un último ejemplo lo tenemos en Carlo Ancelotti. El italiano ganó la ansiada Décima y un año después sin ganar títulos fue cesado por el club y en su lugar llegó Rafa Benítez.

En una mañana de verano se presentó en el Bernabéu con cierta palabrería y con alguna lágrima como acompañante. En su discurso se derrochó fútbol por todas partes hasta el más insulso quedó sorprendido. En apenas media hora relató cómo bailaría su equipo dentro de un terreno de juego y el progreso que tendría a lo largo de los días de invierno. Rafa Benítez, un canterano sin gloria y un entrenador consagrado hasta ser considerado un Dios en Liverpool. No quería dejar pasar el tiempo y no tardó en calzarse el chándal y una deportivas para bajar al campo y lograr hacer historia en su casa.

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Esos días de invierno se aproximan y los números señalan que van por buen camino. El Madrid se encuentra en un punto en el que se puede llegar a catalogar “los invencibles”, un apodo sólo para elegidos. En el Norte de Londres saben de que va la cosa, pero para eso queda mucho. El técnico con cara de bonachón tiene detractores desde el día que fue nombrado en su cargo a pesar de que conquista cada terreno que visita. Benítez siempre da resultados y deja huella en cada equipo que entrena.

Su soledad le acompaña desde el primer día sin importar que su equipo sea el líder invicto en su competición domestica y en Europa, sumar que es el equipo menos goleado del continente. A él se le exige una composición poética en cada encuentro sin importar el resultado. Lo único que se le puede achacar es la acumulación de jugadores en la enfermería. Una de las razones de su llegada fue impedir que el médico se pusiera la bata durante la temporada y que los jugadores llegasen en perfectas condiciones para el tramo decisivo. A esto último no tenemos respuesta, a lo primero sí. Las lesiones son constantes pero ha logrado que no perjudique al equipo. El nivel sigue sin desviarse de la dirección correcta.

Rafa Benítez tiene poco que ganar y mucho que perder. Él estará sólo en unos meses porque como he dicho no tiene amigos, ni familia, su único fin es el de entrenar a 23 jugadores y lograr un fin, el de la victoria. Hasta ahora lo está consiguiendo.

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