Chavi Hernández nació con una enfermedad llamada madriditis. No se trata de una dolencia física, aunque ocasione muchos dolores de cabeza al que la padece, sino que sus síntomas tienen más que ver con las obsesiones y la tergiversación de la realidad. La persona que padece madriditis suele vivir en un mundo paralelo al del común de los mortales, se cree sus propias mentiras y convierte su discurso en una verdad universal, colocándolo por encima del bien y del mal. No hay nada más absoluto que lo que estos enfermos sentencian.

 

En el caso que nos ocupa, el de Chavi Hernández, la madriditis ha evolucionado a unos niveles nunca vistos. No se ha creado un personaje, simplemente él es todo un personaje. Mientras trata de cumplir su sueño de niño, el de ser jardinero, arranca petrodólares mientras habla del Real Madrid y desayuna batidos de césped cortito. Mientras que el equipo que le causa la enfermedad sabe ganar de muchas maneras y no tiene estilo, el suyo tiene uno propio y muy definido sobre el que nunca se pronuncia: el de ganar robando.

Chavi habla con rabia del Real Madrid, la rabia de quien no puede controlar su enfermedad, de quien se ve superado y sin remedio. Simboliza a la perfección al envidioso, a quien las últimas tres Copas de Europa del equipo blanco le pesan demasiado y le impiden hacer vida normal. El escozor es uno de los efectos secundarios de la madriditis, así como hacer creer a los demás que goza de una superioridad moral que sólo habita en su cerebro.

 

El paciente Hernández atesora un gen que, lejos de extinguirse, parece propagarse con rapidez. Ya han sufrido el contagio los señores Gerardo Piqué Bernabéu y Jorge Alba, que hacen gala también de una madriditis muy acusada. Cuando la enfermedad alcanza su grado máximo, quien la padece mea colonia y busca altavoces donde autoproclamarse inventor del fútbol.

 

Podríamos perdonarle a Chavi su prepotencia porque viene dada por una enfermedad, pero en sus juicios al Real Madrid existe prepotencia y vomita odio cada vez que tiene ocasión. Y los sentimientos no se negocian, ni su odio, ni mi amor por el Real Madrid. El único antídoto contra la madriditis la tienen unos señores llamados árbitros, esos que con sus decisiones llevaron al Barcelona a ganar una Copa de Europa o a pasearse en más de una Liga. Pero aún así, ni ganando, tienen los males de Chavi remedio. Un excelente futbolista, un enfermo de madriditis. Que el agua de regar el césped le ayude a digerir mejor la bilis.

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