Señorío es ir a Lorca a ayudar a poner las primeras piedras que levantarán una ciudad derrumbada en su ánimo y sus cimientos. Señorío es donar cien mil euros para que un histórico como el Oviedo siga escribiendo páginas de fútbol en España. Señorío es jugar gratis el trofeo Teresa Herrera para que el Deportivo de la Coruña supere una delicada situación económica. Señorío es apoyar a los refugiados acogidos en España con un millón de euros. Señorío es llevar a cabo una campaña de recogida de alimentos para los más necesitados. El señorío, en términos más futbolísticos, es empapar la camiseta en sudor en cada partido, defender el escudo como si fuera tu hijo y luchar por cada balón como si fuera lo último que vas a hacer en tu vida. En resumen, morir en el campo, como muy bien lo definió José Mourinho.

 
Luego está el señorío mal entendido o filosofía barata, como lo definió también el técnico portugués. Esto es: firmar pactos simbólicos de no agresión con el Atlético de Madrid para no fichar a sus jugadores, poner la otra mejilla cuando los del club del país imaginario te atacan y te humillan y cederle o venderle jugadores a clubes antimadridistas por definición. El último ejemplo, Cheryshev al Valencia. Todo eso es señorío mal entendido.

 
El Valencia no nos dejó fichar a David Villa, ni a Mendieta, ni a Ayala, ni a Gayá. En Valencia nos apedrean el autobús, nos llaman chorizos en sus portadas, tienen una cuenta en Twitter dedicada a los valencianistas antimadridistas. Para fomentar este odio, lo único que ha hecho el Real Madrid ha sido ganarle una Copa de Europa al Valencia y vestir de blanco a Mijatovic. A partir de ahí, la enemistad más absoluta. El madridista sólo quiere que gane cuando el Valencia se enfrenta al Barcelona o al Atlético de Madrid. Los seguidores chés no desean nunca que el Real Madrid gane. Hasta ese punto llega el antimadridismo latente en la capital del Turia.

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La afición no entiende esta nueva cesión de un jugador de la cantera blanca a un rival que ni nos vende, ni nos cede, ni nos mira, pero llegados a este punto de incomprensión total con algunas decisiones del club y teniendo en cuenta lo acontecido con el futbolista ruso en la eliminatoria de Copa ante el Cádiz, soñamos. Soñamos con la posibilidad de que un Valencia con Cheryshev en sus filas elimine al Barcelona de la Copa de nuestro Rey. Soñamos con un gol suyo silenciando el Campo Nuevo. Soñamos con reír los últimos, que es cuando mejor sabe la carcajada. Sería tan bonito…poder incendiar las menciones de Gerardo Piqué en Twitter emulando esa gracia que él cree atesorar. Sólo por eso ya habría merecido la pena la cesión, sólo así quedaríamos conformes. Sobra decir que si el sueño se hiciera realidad el madridista no desea que la final la gane el Valencia. Los deberes son eliminar al Barcelona.

 
A Cheryshev le deseamos suerte en lo personal, que no lo expulsen, aunque sea difícil con el rival que tendrá enfrente y, si lo hicieran, que lo comunique de inmediato al club, que ya sabemos que los periodistas no iban a dar el aviso hasta que la situación fuera irreversible. Esperemos que el club salga de esta espiral de cesiones y ventas a clubes que nos desean lo peor. La jugada maestra habría sido cederles a Sergio Ramos. Un penalti por partido del camero y el Valencia está en abril en Segunda División.

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