Quien espere encontrar aquí una crítica a Coentrao, que deje de leer ya.

En un partido en el que el Madrid marcó y se dedicó el resto del encuentro a guardar la ropa, Fabio Coentrao nos puso a los madridistas la soga en el cuello y la miel en los labios a los antis con un penalti infantil que podría haber propiciado la remontada del Sporting de Portugal. No fue así porque fue también el típico partido que el Madrid se pone a ganarlo cuando le da la gana. Y así fue. Llegó el empate, el Madrid se vio con el agua al cuello y se remangó para conseguir la victoria. Gol de Benzema en las postrimerías de la contienda y a otra cosa.

Pero el tema es Fabio Coentrao, que salió para sustituir a un Marcelo que Zidane quiso proteger porque tenía una tarjeta amarilla y andaba renqueante. Coentrao hizo un penalti dantesco. Pedía mano y la mano se la señalaron a él. “Por tonto”, habríamos dicho los madridistas entre carcajadas si eso mismo le ocurre a Piqué o Juanfran, por poner un par de ejemplos. Una vez duchados y peinados, los jugadores fueron desfilando por zona mixta. Uno de los solicitados era el propio Coentrao. Por supuesto los periodistas querían hacer sangre con él, que aquí nos conocemos todos. Lo que se encontraron delante de sus micrófonos no fue a Coentrao, sino a Fabio. El que habló con ellos no fue el futbolista del Real Madrid, sino la persona. Fabio lucía un gesto triste que no combinaba esta vez con su look desenfadado. Fue sincero. “La he cagao y ya está”, aseguró con una honestidad brutal. Y siguió con su rictus serio reconociendo que fue un error muy grave por su parte. Por su parte. No acusaba a nadie más, no señalaba a nadie. Fue un error suyo y de nadie más. Se exigía concentración y reconocía que estaba jugando mal, que así no puede formar parte de un club como el Real Madrid, que debe cambiar y entrenar mejor. Él sabe, y así lo aseguró, que tiene muy difícil jugar porque “Marcelo es la ostia”, pero prometió trabajo.

1219228-25439651-1600-900

Igual si el resultado del partido hubiera sido otro, si hubiera terminado en empate o derrota, estaría escribiendo esto de otra manera, pero el caso es que ganamos y de Coentrao sólo puedo decir que “olé tus huevos”. Suponemos que es un mal profesional porque hay por ahí unas fotos en la que aparece cigarro en mano, creemos también que no lo da todo en los partidos porque lo vemos siempre de cachondeo, bromeando, atusándose el pelo, todo lo contrario a estar concentrado. Por si fuera poco, es herencia de Mourinho, con todo lo que eso supone. No tendrá nunca buena prensa, por ejemplo, sino todo lo contrario. Pero tú y yo, que somos madridistas, tenemos que abogar por la recuperación de ese futbolista que un día fue. Porque tú y yo hemos visto a Coentrao, no a Fabio, hacer auténticos partidazos con el Real Madrid. Tú y yo lo hemos visto enfrentarse con todo a Neymar. Tú y yo lo hemos visto ponerse enfrente de Raúl García y plantarle cara. Tú y yo lo hemos visto ponerle un balón exquisito a Benzema en las semifinales de la Champions del año 2014 ante el Bayern de Guardiola para que el francés encauzara la eliminatoria que, a la postre, nos llevaría hasta la Décima. Tú y yo lo hemos visto decirle a Bale, en la final de la Copa del Rey de ese mismo año, ante el Barcelona, tómala, corre como nunca en tu vida y marca el gol que nos hará campeones. Tú y yo hemos visto todo eso. Nadie nos lo tiene que contar, lo hemos visto.

Lo del José Alvalade fue un error del que Fabio, no Coentrao, ha hecho una autocrítica descomunal, casi doliente. Nunca he escuchado a un jugador hablar así de sí mismo sin tratar de encontrar excusas en el propio juego. No habló de la actitud del equipo, tampoco de la concentración del grupo, ni de la intensidad de sus compañeros. Habló de él. Fabio nos habló a los madridistas, abatido, roto, dolido. Se abrió en canal ante los periodistas para que tú y yo supiéramos que no está, pero que le esperemos; que no lo hizo bien, pero que va a trabajar; que él y solamente él se había equivocado, pero que va a intentar que no vuelva a pasar. Sergio Ramos, en lo que fue un abrazo sincero de compañerismo, le arropó ante los medios de comunicación. Gran gesto de lo que debe ser un capitán.

Hay que dejarlo invernar, que fume, que se haga un ovillo en el sofá con el flequillo rozándole las pestañas, que sea consciente de dónde está y para qué. Cuando los días sean más largos, cuando el frío le dé el relevo al calor Fabio mutará en Coentrao. Siempre fue un especialista en primavera. No es una ilusión, yo lo he visto.

Share

Sobre El Autor