Un antimadridista se pone a ver los partidos del Madrid por si el equipo blanco pierde. Un antimadridista mira con desdén desde la barra del bar los partidos del Madrid por si Modric se lesiona. Un antimadridista ve los partidos del Madrid esperando que Cristiano Ronaldo falle una clamorosa ocasión de gol a puerta vacía con la que inundar de memes las redes sociales. Un antimadridista ve por los partidos del Madrid deseando que se marchite la flor de Zidane y que pierda su abrigo. Un antimadridista ve los partidos del Madrid cruzando los dedos para que no se añada ni un segundo al tiempo reglamentario.

Pero resulta que el Madrid lleva treinta y seis partidos sin conocer la derrota, resulta que Modric galopa por todo el campo con su melena rubia al viento, resulta que Cristiano Ronaldo gana otro Balón de Oro aunque falle un gol a puerta vacía, resulta que Zidane no tiene flor, sino amapolas para todos, resulta que el tiempo de descuento siempre fue lo que caracteriza al escudo del Real Madrid: lucha, entrega, ganas y casta hasta que el árbitro indique que hay que enfilar el camino de los vestuarios.

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Corren malos tiempos para el antimadridismo. En la mejor época que un culé pueda soñar, seguimos sacándoles un puñado de Ligas y las mismas Copas de Europa de siempre. En un tiempo que el Atleti seguramente jamás volverá a vivir, les arrebatamos en apenas dos años el sueño de reinar en el viejo continente. Me imagino que debe doler. Y mucho. Tiene que ser duro ser antimadridista. Podrían haber elegido ser cualquier otra cosa en la vida, pero no. Escogieron el camino opuesto a la diversión, decidieron hacer de la bilis su manera de estar en el mundo.

Cuando el cuento de Franco deja de tener peso, cuando el de los favores arbitrales ya no cuela viendo las diferencias a favor y en contra de unos y otros, siempre hay alguna excusa nueva para justificar las victorias del Madrid. Recuerdo aquella época en la que las derrotas del Barcelona las achacaban a la altura del césped o a que el rival jugaba a la contra. Ahora el nuevo cuento chino es el tiempo de descuento. Desde el 24 de mayo de 2014, el tiempo añadido se ha convertido en una tortura para los antimadridistas. Tanto es así, que cualquier día veremos a un seguidor culé o rojiblanco en las puertas de un juzgado solicitando, yo qué sé, que los partidos del Madrid se acaben en el minuto cuarenta. Ni un segundo más, ni un segundo menos. Ya les hubiese gustado a Romeo y Julieta haber vivido una historia de amor tan hermosa como la que tiene el Real Madrid con el tiempo de descuento.

A mí me encanta nadar en ríos de bilis. Me encanta celebrar goles con el tiempo cumplido, aunque para ello haya tenido que pasar una hora entera de sufrimiento. Lo pienso al contrario y es mucho peor. Un antimadridista lo goza durante una hora y, al final, sufre durante horas o días ese gol en el añadido. Lo que para el madridismo es un alivio, para el antimadridismo es una condena. Me encanta ver a Cristiano Ronaldo ganando otro Balón de Oro y que todos digan que no lo merece. Me encantan las bolas calientes en los sorteos y que vean fueras de juego hasta en un saque de banda. Me gustan que busquen excusas en las victorias del Madrid, así como las buscaban en su derrotas. El que siempre anda buscando motivos con los que justificarse es un perdedor nato.

DEPORTES CRISTIANO RONALDO BALON DE ORO 2016

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Sé que el tiempo de descuento alguna vez se nos volverá en contra, sé que habrá alguna final en la que nosotros mandaremos un penalti al palo o fuera. Lo sé porque así es el fútbol. Todo se termina pagando. Mientras tanto, voy a disfrutar de este Real Madrid, de sus goles fuera de tiempo, de todos los títulos individuales de Cristiano porque es un jugador de mi equipo, de la flor esa que dicen que tiene Zidane, de todo lo bueno que venga y hasta de lo malo. La felicidad que me da el Real Madrid es inenarrable, pero dolerse con él también es bonito. Son cosas del amor.

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