Cuando salgáis al campo, a ese Bernabéu que espero enfurecido y bárbaro, recordad que habrá millones de personas en todo el mundo englobadas en dos grupos, los madridistas y los antimadridistas. Por toda esa gente, por los que amamos al Real Madrid y por los que lo odian, debéis hacer un partido para estar en la final. Por nuestra felicidad y por su desdicha. Sólo tú, Real Madrid, tienes ese poder. El mundo entero pendiente de ti.

Nuestro escudo nació en 1902 para darnos la vida en estas fechas, para luchar siempre por grandes gestas, para hacer de todo aquello que parece imposible algo real, porque todo eso que los demás sólo se atreven a soñar el Real Madrid es capaz de hacerlo realidad. Todo lo que no sea que os dejéis el pellejo sobre el césped, no lo queremos. Todo lo que no sea vaciarse en cuerpo y alma, no nos vale. Ese y el fútbol es el camino que lleva hasta Kiev.

Que dentro de cuarenta años, cuando vuestros nietos se sienten en vuestras rodillas y os pregunten qué hicisteis con el Real Madrid, sólo exista una respuesta: ganar Copas de Europa. Así que salid bajo los focos de Chamartín con imperiosa puntualidad y mirad a los ojos a esos alemanes, tiradles el corazón a la cara y hacedles saber que no vais a dejar ni un metro de césped sin pisar, ni un balón por luchar, ni un minuto sin pelear.

 

Habrá que saber administrar las emociones, la pasión, el sufrimiento, las taquicardias, los nervios. Lo que no hay que escatimar es el fútbol, el esfuerzo, la casta, el sudor, la entrega, la concentración, las agallas, el sacrificio. Por el mundo entero, por los que amamos el escudo y por los que lo odian, hacedlo Real.

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