Los madridistas nos sentamos el miércoles a ver el partido del Madrid saboreando aún la victoria del Manchester City ante el Barcelona. Confiábamos en la victoria, casi que veíamos el partido como un trámite, deseosos de presenciar un saco de goles, de que Cristiano aumentara su cuenta goleadora en Europa, de que Morata confirmara su gran estado de forma y de empezar a ver a Coentrao como el jugador que demostró ser cada primavera. Empezó bien la cosa, con un soberbio golazo de Bale que a más de uno le pilló abriendo todavía la primera cerveza. A partir de ahí se sucedieron las ocasiones. Tal como se sucedían, se erraban. O bien las repelía el portero del conjunto polaco o se estrellaban contra un defensa o se iban a las nubes del Coliseum Alfonso Pérez de Varsovia, más vacío que la vitrina de las Champions del Atleti. En esas estábamos cuando Kovacic se sacó un magistral pase de la chistera que terminó recalando en las botas de Benzema para que el francés firmara el segundo gol. Eran pocos tantos para las ocasiones que el equipo había generado, pero era una ventaja abultada y más ante un rival como el Legia. Esta era la lectura de cualquier aficionado al término de la primera parte. Puede que también la de los jugadores y el cuerpo técnico.

POL106 VARSOVIA (POLONIA), 02/11/2016.- El jugador del Real Madrid, el francés Karim Benzema (c) celebra un segundo gol con sus compañeros ante el Legia de Varsovia hoy, miércoles 2 de noviembre de 2016, en un partido del grupo F de la Liga de Campeones, disputado en Varsovia, Polonia. EFE/LESZEK SZYMANSKI/PROHIBIDO SU USO EN POLONIA

POL106 VARSOVIA (POLONIA), 02/11/2016.- El jugador del Real Madrid, el francés Karim Benzema (c) celebra un segundo gol con sus compañeros ante el Legia de Varsovia hoy, miércoles 2 de noviembre de 2016, en un partido del grupo F de la Liga de Campeones, disputado en Varsovia, Polonia. EFE/LESZEK SZYMANSKI/PROHIBIDO SU USO EN POLONIA

Arrancó la segunda mitad de la contienda y nada fue como se esperaba. Seguía habiendo ocasiones de gol que seguían sin materializarse, pero no era lo mismo. Los jugadores del Legia podían correr sin oposición, prácticamente sin marca, a sus anchas, tenían tantos espacios como Juanfran en su frente. Los muchachos de Zidane no los perseguían, los dejaron jugar. A lo que juegue el Legia, pero los dejaron. Con esa apatía, con esa desgana, con esa falta de intensidad y de concentración nos empataron. Pero lo peor no fue eso, lo peor es que se pusieron por delante en el marcador cuando el reloj agonizaba. Nadie, ni los polacos, se lo podía creer. A mí empezó a darme mucha vergüenza. El equipo quiso reaccionar, ponerse el mono de trabajo a falta de menos de diez minutos para el final del tiempo reglamentario, recurrir a la épica, al milagro del descuento. Kovacic empató y suspiramos aliviados. Faltaba el añadido y Lucas Vázquez la tuvo, encontrándose de bruces con el larguero. La suerte ha cambiado. Ahora es el Atleti el que gana en el minuto noventa y tres. Cuidado con eso.

De todas formas, ni aunque Lucas Vázquez hubiera marcado el gol que diera la victoria al Madrid podrían limpiar la imagen que dieron. El rival también juega, como suele apuntar Zidane, pero con 0-2 a favor, contra un equipo al que sólo conocen en sus casas cuando van a cenar en Nochebuena, no puedes permitirte el lujo de dejarte ir, de sentir que te sobra con el escudo. El escudo nunca gana partidos, el escudo se honra. Y en Varsovia, el Madrid no lo honró. Hubo dejadez, hubo exceso de confianza, hubo falta de profesionalidad. Un empate ante el Legia es una derrota, un claro fracaso. La imagen del Madrid fue una caricatura de lo que habíamos podido ver unos días antes frente al Alavés.

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Hemos pasado años riéndonos de los del país imaginario y sus excusas cuando perdían o empataban el partido. Que si el césped, que si el rival jugaba a la contra, que si llegaban una vez y acertaban de cara a gol…Ayer, en Real Madrid TV, al finalizar el partido, pude escuchar cómo hablaban de la posibilidad de que el campo vacío hubiera podido influir, de que el césped estaba de aquella manera, de que el árbitro no sé qué, de que ellos llegaron cuatro veces y marcaron tres goles. Mira, no. Ante el Legia, excusas ninguna. El Madrid les podría haber ganado, si hubieran querido, hasta en un campo de patatas. No se ganó, no se dio buena imagen, no se defendió el escudo de la manera que merece. Se dice y se trabaja para que no vuelva a ocurrir. Pero tú y yo lo sabemos, volverá a ocurrir.

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