Me está doliendo no sentir dolor. Es otra cosa. Es bochorno, es vergüenza, es desazón. Es rabia por no poder desprenderme de este sentimiento y dejarlo abandonado en cualquier esquina, tener que vivir para siempre amando un escudo que me quita la vida. Y lo que es peor, tener que continuar animando a unos jugadores que, ahora mismo y a pesar de lo ganado, no lo merecen.

Me duele que no me duela y meterme hoy en la cama con ese peso muerto que invade el cuerpo cada vez que pierde el Madrid, tener que levantarme mañana con él y aguantar las bromas de los otros, de los que no cargan de por vida con el sentimiento por el Real Madrid. Porque pueden decir lo que quieran, pero ser madridista no es nada fácil. En el campo del Barcelona puede perder cualquiera, puede salir goleado cualquiera, pero no mi equipo.

Me pesa la vergüenza, recordar escenas del partido y ver a los mismos que son capaces de ganar tres Copas de Europa de manera consecutiva vagar como alma en pena por un campo de fútbol, defender con la mirada y hacer de su profesión un paseo sobre el césped de cualquier estadio. Sin espíritu, sin capitanía, sin ganas, sin motivación, compareciendo quince minutos de cada noventa.

 

Ojalá pudiera dejar de sentirlo, ser mañana una persona nueva, alguien a quien el Real Madrid le es indiferente, que no hace de cada día de partido una fiesta, que no deja cosas por su equipo, que duerme a pierna suelta ganen o pierdan. Pero es imposible, este sentimiento va conmigo allá donde vaya, me quita tanta vida como me da, me hace la más desdichada o la más feliz del mundo, me da vergüenza o es un orgullo. Supongo que eso es ser madridista, llevarlo en la sangre, por todo el cuerpo, hacer del madridismo un modo de vida, estar en las buenas y en las malas, llorar de alegría o de pena. Ahora mismo siento vergüenza, pero ese escudo, ese maldito escudo al que amo con todas mis fuerzas, el que estos jugadores no defienden, es un pilar imprescindible en mi vida, algo tan necesario como el agua, el alimento de cada fin de semana. Es el puto Real Madrid, joder. Hay que levantarse, sacudirse la humillación y empezar a morder.

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