Después del partido que jugaron los amigos de Del Bosque, con una soberbia actuación de Keylor Navas, escribí en Twitter, a colación de los pitos a Piqué que ni Manu Carreño, ni Kiko, ni Camacho, ni Juanma Castaño entendían, así de cortitos son, que la ciudad de León me había defendido más como madridista con esos silbidos al central azulgrana que los capitanes del Real Madrid.

 
El señor José Joaquín Brotons citó el tuit y me llamó enferma. Supongo que lo hizo por solidaridad y empatía, pues en el mundo de los enfermos él está moribundo, tal es la gravedad de su enfermedad. A su edad da lecciones de equilibrio y raciocinio en las redes sociales y allí donde le ponen un micrófono delante, que es como si Jesulín de Ubrique impartiera clases de canto. El señor Brotons es el adalid del desprecio, de la mala educación, de las faltas de respeto, las mentiras y la invención.

Sin título
A mí me encantó que a Piqué le pitaran en León, principalmente porque no fue en el estadio Santiago Bernabéu, sino con la camiseta de la selección española. Eso es lo que más escuece al periodismo. Jamás se lo habrían podido imaginar. Creían que la selección era intocable, que la habían hecho suya, que habiéndose bajado Casillas los pantalones llamando a Xavi para pedirle perdón, los problemas entre los clubes no volverían a entrar en ese vestuario de gente sana y maja, de buenos chicos, como es el de la selección. Pero mira por dónde ha sido el pueblo, que ahora ya no es soberano, ha sido el público, que ahora ya no puede hacer uso de la libertad de expresión, el que ha tomado la palabra  en forma de silbidos y le ha hecho saber al periodismo, a Del Bosque y a Piqué que las faltas de respeto y las mofas no siempre van a salir gratis. El pueblo habló en León. Y en un partido de la selección. Por algo se empieza.

 
El señor Brotons se jacta en su cuenta de Twitter de escribir bajo la libertad de opinión que le da la Constitución. Una Constitución que debió ser creada sólo para él y los de su gremio, pues el resto de opiniones, si no se acercan a las suyas, sólo son propias de enfermos.

 
El señor Brotons ha ido relatando las vacaciones de Cristiano Ronaldo tanto en la red social del pajarito como en sus artículos. Por supuesto lo ha hecho desde la objetividad, el respeto y con la experiencia que le otorgan sus numerosos años como periodista. El periodismo que ejerce el señor Brotons debería ser estudiado en cualquier facultad de Ciencias de la Información bajo el nombre de “Periodismo de enfermo”. No se explica de otra manera su obsesión con el luso, al que pide asesoramiento para que deje de salir en las fotografías con el torso desnudo. Supongo que el señor Brotons pasa sus vacaciones con un jersey de lana. Pero no se queda ahí su enfermedad, sino que ha ido dejando muestras durante las últimas semanas dedicando artículos enteros al hecho de que Cristiano Ronaldo orinara en la vía pública, algo que el señor Brotons seguro que no ha hecho en su vida, y llamándolo por ello maleducado e irrespetuoso con los demás. Él, que es la quintaesencia de la educación y el respeto, mentando desde su cuenta de Twitter a las madres de los tuiteros que no opinan como él. Todo un ejemplo de periodismo cívico. Pero el señor Brotons no tuvo suficiente con esa anécdota del siete del Madrid y siguió estudiando sus vacaciones, cual paparazzi, y después de estrujarse la sesera para su siguiente artículo sobre el jugador blanco decidió hablar de vigorexia. Si damos por hecho que para los periodistas el cuerpo ideal de un futbolista es el de Iker Casillas, efectivamente, Cristiano Ronaldo sufre vigorexia.

 
Son sólo algunas muestras de la mente enferma de antimadridismo del señor Brotons y de sus incoherencias. Periodistas como él generan violencia verbal y mucha vergüenza ajena. Pero algo debe estar cambiando. Mantengo un hilo de esperanza desde que escuché a la ciudad de León pitar a Piqué. Igual es que la gente se ha cansado de escuchar, leer y ver a este tipo de periodistas. Igual es que el pueblo está empezando a pensar por sí mismo, sin dejarse adoctrinar por cuatro borregos y empieza a vivir su pasión por el Madrid siguiendo sus sentimientos. Igual es que la gente, como los periodistas, también puede hacer uso de la libertad de expresión, esa con la que le digo al señor Brotons: enfermo, usted.

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