Transcurría el minuto 61 en el Estadio Soccer City de Johannesburgo cuando de una jugada a lo ping-pong le llegó el balón a Sneijder. El talentoso (y trasnochador) jugador holandés procesó rápido. Desde el mediocampo, colocó entre Piqué y Capdevilla un balón soñado al espacio a Robben. La endiablada velocidad del exmadridista no fue motivo para que quedásemos petrificados en aquella dimensión espacio-tiempo. Los apenas 3 segundos que tardó Arjen entre que recibió, y se plantó ante la portería de España, nos parecieron lustros. No seríamos honestos con nosotros mismos si negásemos que en algún recoveco de nuestro ser, albergábamos una mínima esperanza de que (ese) Casillas actuara. Sea como fuere, el disparo impactó en el pie del portero, saliendo desviado a escasos centímetros de su palo derecho. Me resulta utópico imaginar que con esa parada no rozáramos el techo de emoción. Lo demás es bien sabido: el “Iniesta de mi vida” y el logro de la estrella conseguido. Embaucado por el fragor de la celebración, el Príncipe Yernísimo besó a la Princesa Mediaset. Aquel beso salió rana. Y colorín colorado, un funesto cuento, tan sólo había empezado.

Quién no ha idolatrado a Iker Casillas. Qué madridista no le ha considerado el mejor. Se podría afirmar que todos hemos venerado sus milagrosas paradas, fruto de unos inauditos reflejos. Tiempo atrás, teníamos depositada una absoluta confianza en él, amparándonos invariablemente en ese aura salvador que parecía poseer. Aun sabiendo de sus inherentes y conocidas carencias, no dudábamos en proclamar firmemente su superioridad frente al resto. De un modo triste, algún día, todo se rompió. Personalmente, considero aquel pie a Robben en Sudáfrica como su última gran acción de élite, la cual, unida a aquella exaltación del amor, constituyen para mí el principio del fin del Casillas que idolatré, dando paso al que detesté. Cada cual, ha ido perdiendo paulatinamente su creencia en él. Un muy buen amigo mío, se ha pasado toda la temporada advirtiéndome de que el portero me callaría la boca. Al final ha tenido que callar él la suya, abdicando hacia el pensamiento lógico. Extrañamente, quedan aún reductos de su idolatría, basándose, quienes aún resisten, en eso que llaman con lo que nos ha dado o similar.

Parafraseando a Saritísima el compadreo de su Iker con la prensa adquiere tintes de vox populi. Existen documentos tanto escritos como gráficos que dan buena fe de ello, mostrando a un todavía menor de edad Casillas compartiendo confidencias de mesa y mantel con ellos. Cuando su nulo espíritu de superación y sacrificio -excusado por un supuesto don innato-, aceleró su ocaso deportivo, la teoría del quid pro quo rápidamente entró en acción cobrándose numerosas comidas en Txistu. A raíz de aquel Mundial, el descenso de su nivel deportivo se hizo directamente proporcional a las (confirmadas) innumerables filtraciones (cierto que no es el único) tanto desde el mismo autobús como desde su propia cama, correspondidas por sus lacayos y compañera con horas de programación, numerosas portadas, y un sinfín de escritos ensalzando su figura, apoyándose, por imposibilidad de la realidad, cada vez en menos argumentos deportivos, para centrarse en los simbólicos. Parecen no saber, o más bien, no querer saberlo, que aquí el único símbolo que prima es el escudo, no habiendo nada ni nadie por encima de éste. Fernando Hierro, siendo capitán del Real Madrid, junto a un imberbe Iker, vio el tsunami venir: “Nos vas a buscar la ruina”. Don Santiago Bernabéu de Yeste, otrora perpetuó: “Cuando esté en el lecho de muerte, pido a Dios que me deje un último momento de lucidez para dirigirme a la prensa, y decirles que son todos unos hijos de puta”.

Jamás se ha visto nada igual. Cómo podría haber sido recordado, y cómo se le va a recordar. Aquel jugador que nos hacía sentir enormemente orgullosos, poco a poco ha ido mutando hacia una persona nociva para el bien del Club; en un ser desprovisto de cualquier nivel de autocrítica, unido a una intolerancia atípica hacia aquellos que, para él, han osado cuestionarle. Reniega de los que, algún día, le han sugerido mejorar, o han optado por otro compañero bajo palos. Y la lista no es ni mucho menos corta. Desde entrenadores hasta jugadores: te sentencia. El nivel de enquistamiento de la situación es tal, que no parece haber nadie dispuesto a cortar con el problema de raíz. La solución es sencilla, aunque, dado su cuantioso contrato, unido a la inexistencia de equipos que le pretenden, económicamente complicada. Incluso aunque no juegue, mientras siga ahí, aferrado a un puesto que deportivamente ya no le pertenece, el aluvión periodístico seguirá produciendo un daño extremo a quien ocupe su lugar, no cesando en el empeño hasta encontrar un resquicio psicológico para desmoronarle. Es por ello, que la solución no pasa porque no juegue, sino porque se vaya.

02 SECUNDARIAEspero que una de sus últimas apariciones como jugador del Real Madrid, haya sido la entrevista que concedió a ‘El Larguero’ bajo el larguero (qué cachondo Joserra) del Santiago Bernabéu. Más de una esperpéntica hora con un Casillas desprendiendo -no sé en base a qué- aires de grandeza, sintiéndose ganador de una batalla en la que quizás más que nunca esté cerca su derrota. Sin duda uno de los momentos más indecentemente álgidos se alcanzó cuando cierto periodista de los allí presentes (y en los Txistu), afirmó que quienes le silban (entre los que me incluiría), él los considera talibanes, con la consiguiente carcajada de aceptación de nuestro capitán. Aun borrando todo lo que ¡no! nos ha dado, tal acción debería significar por sí sola su fulminación inminente.

Hora de Benítez. De querer comenzar con pie derecho y paso firme su andadura en el Madrid, considero como única prioridad -si es que por fin a un entrenador se lo permiten y le dejan-, el solventar definitivamente un asunto que traería una ansiada y más que merecida paz. Y de una vez por todas poder así poner, el colorín colorado, a un desolador cuento, hace demasiado tiempo ya acabado.

@carlosam_

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