Las circunstancias y el contexto que rodeaba Ipurúa situaban el partido como trascendental en las aspiraciones blancas al título liguero. Sin Bale, sin Morata y sin Cristiano, Zidane tenía una de esas pruebas exigentes y necesarias que todo aspirante debe superar. Y sí, la superó con nota. En una especie de 4-2-3-1 bastante variable el técnico francés juntó a Casemiro, Madric, James, Asensio y Lucas entre la defensa y Karim Benzema, un Benzema que dio una clase de esas que hacen que volvamos a dudar de que, si fuera constante, no estaríamos hablando de un delantero de época. Y no exagero, que podría por todo lo que hemos visto este año, pero cuando está, cuando decide jugar, pocos jugadores pueden ofrecer lo que él ofrece.

En el 0-1 falló su primer intento, pero no perdonó a la segunda. Con un Real Madrid dominando, el francés brilló entre líneas, en gran parte gracias a las buenas actuaciones de Asensio y James, protagonistas en los siguientes tres goles. Primero fue James con un centro milimétrico que Karim solo tuvo que empujar. El colombiano repitió tras un centro del francés que le devolvió el favor. Y, por último, Marco aprovechó el rechace tras un palo de James y mandó el balón a la red. 0-4 y la sensación de que el Madrid tenía todo controlado. Los intentos del Eibar quedaron en casi nada gracias a la solidez atrás que veníamos echando en falta, Danilo se mostró cómodo, Pepe y Ramos demostraron que siguen estando y Nacho cumplió como tantas veces. El punto más negativo, quizás fue Keylor, que sigue mostrando un nivel muy por debajo de lo visto la temporada pasada.

Con todo el pescado vendido, el partido se convirtió en un mero trámite que cerró el Eibar con un tanto tras varios rechaces en un córner. Y su afición demostró estar a la altura, ánimo durante los 90 minutos, y una bonita ovación a Luka Modric en el momento de su cambio. El buen gusto no entiende de colores, algo que, a veces, es de agradecer.

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