El pasado miércoles 17 de febrero, después de la ida de los octavos de final que enfrentaba a la Roma contra el Real Madrid, Abel Rojas abría su programa Luces de Ciudad ecosdelbalon.com de la siguiente forma:

“Por qué seguimos perdiendo el tiempo en una cuestión que está tan clara. Por qué no vivimos todavía cada segundo de Cristiano Ronaldo como un capítulo de una de las mejores historias que ha escrito nuestro deporte favorito. Con esto no quiero decirte ni que no lo critiques ni que no haya que criticarlo, pero sí que pienso que todo lo que le ha dado al fútbol ha tejido una obligación que solemos saltarnos a la torera. Cuando a mí empezó a gustarme este juego, que seguramente coincidirá, más o menos, con cuando empezó a gustarte a ti, había una especie de termómetro literario que distanciaba, perfectamente, a los cracks de los que no lo eran. Seguro que tú también te acuerdas. Cuando una joven promesa empezaba a sobresalir, decíamos ‘Sí, tiene buena pinta, pero tiene que decidir una eliminatoria de Champions’. Y al final casi nunca lo hacía, y eso que les esperábamos hasta los 28 y los 29 años. Porque aquellos que lo lograban, más o menos era por esa edad. Y resulta que hoy hay un hombre que ha resuelto más de la mitad de los cruces de Champions en los que ha estado inmerso. Y lo vivimos como si fuera normal. ¡Qué equivocación! Hoy se ha celebrado un Roma –Madrid en el Olímpico de la capital italiana. Y he visto 21 tipos corrientes y a Cristiano Ronaldo en contraste. Era la navaja que cortaba el nervio colectivo: desde el minuto uno se ha reído, lo ha intentado e incluso quería hacer cosas bonitas que reflejaban que a lo que al resto le abrumaba, para él era el hogar. Cristiano ha encarrilado una nueva eliminatoria de Copa de Europa y parece que no ha hecho nada. Es como eso de que antes de visitar Almería (y digamos Almería porque ahora no está en Primera) eso era un partido de esos que ganaban ligas. Y de repente visitar Almería es el típico partido intrascendente del hat trick de Cristiano. Y olvidamos que es el hat trick de Cristiano lo que lo vuelve intrascendente. Por suerte, el portugués tiene garantizada la justicia. Y eso me tranquiliza a mí también, porque yo, como todos, también soy culpable de esto. Pero como digo, tiene garantizada la justicia. Una vez se retire, le harán el glorioso regalo de no compararle con su increíble coetáneo, sino con sus antecedentes. Se le medirá a Platini, a Zidane, a Ronaldo, a Baggio e incluso a Cruyff, Beckenbauer, George Best, Di Stéfano. Y piénsalo. Piénsalo de verdad. ¿A quién no le gana este tío? A muy pocos. Entonces por qué seguimos perdiendo el tiempo en una cuestión que está tan clara. Empecemos ya, que todavía corre, que todavía domina, que todavía sorprende. Que sigue vivo.”

Como bien dice Abel, a quién no le gana este tío. En mi opinión, lucha con Johan Cruyff por ser el mejor futbolista europeo de la historia. Y es que es así. Quizá no nos damos cuenta porque el fútbol ‘moderno’ nos lleva a un ritmo demasiado rápido, a un ritmo en el que te levantas al día siguiente después de haber visto jugar a tu equipo y ves en el telediario que ya están preparando el partido de liga de pasado mañana. Y todavía no nos hemos parado a pensar que Cristiano Ronaldo lleva superando los 45 goles en una temporada seis años seguidos. ¡Seis! Que hoy en día, pocos jugadores hay más fiables que él de cara al gol. Cada semana, su gol es el peor pagado en las casas de apuestas de todo el mundo. Es ese futbolista que le sigue entrando la jugada que hacía hace siete u ocho años en el Manchester United. Que sigue intimidando con una simple conducción. El jugador con más Botas de Oro de la historia y que lleva tres temporadas consecutivas –y va en camino de una cuarta- siendo el máximo goleador de la máxima competición continental, la Champions League, la que crea las leyendas.

Más allá de vagas enumeraciones de récords que con este jugador no acabarían nunca, Ronaldo es muy fácil de defender con argumentos. Muchísimo más que atacarlo, sin duda. No hay más que ver un partido suyo. Cualquiera, incluso en los que ha estado en bastante baja forma, para darse cuenta de ello. Con 31 años sigue teniendo ese cualidad que solo tienen algunos elegidos de transmitir al espectador que algo puede pasar. Es ese silencio que se hace en el estadio cuando un regateador encara a su lateral, un especialista coloca el balón para lanzar una falta o un parapenaltis reta con la mirada al delantero de turno.

La comparación con Messi sale sola, pero no caigamos en este error. No caigamos en comparar a un futbolista que pasará a la historia como uno de los cinco mejores que ha pisado un terreno de juego con el mayor talento que ha nacido para un deporte. Cristiano, individualmente, ha podido hacerle sombra unos cuantos años, pero en la valoración global sale perdiendo. Pero si antes decíamos que a quién de las leyendas europeas citadas no le gana Cristiano Ronaldo, ahora podríamos preguntarnos que a qué mito del deporte, ya no solo del fútbol, no le gana Leo Messi. Me hubiese extrañado que los aficionados del Benfica a mediados del siglo pasado hubiesen menospreciado a su estrella, Eusebio, porque a apenas 600km jugaba Di Stéfano. O que los hinchas de la Juventus no se ‘conformarsen’ con Platini en los años 80 al haber coincidido con Maradona.

Y muchos son conscientes de esto, pero aun así todavía hay gente que duda. Que duda de Cristiano Ronaldo. De su entrega al fútbol, de su compromiso con el equipo o, de lo que es más increíble, de su valía sobre el campo. Y eso que hoy en día, dudar de Cristiano Ronaldo es dudar de la más absoluta de las certezas.

 

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Sobre El Autor

Estudiante de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid. Amante del fútbol neerlandés desde que Frank de Boer ganase cuatro Eredivisie consecutivas. Redactor en Underground Football.