No me canso de sentirte. No me canso de seguirte. No me canso de llorarte, de llevarte conmigo a cualquier parte, de enseñarte a cualquiera que acaba de nacer. No me canso de defenderte, de ir a verte, de cabrearme contigo porque sé que al día siguiente todo será igual que siempre. No me canso de sufrirte, de disfrutarte, de amarte con todas mis fuerzas.

Eres parte de mí, un miembro más de la familia, siempre presente. Formas parte de mi piel porque me la erizas. Estás dentro de mi cuerpo porque me remueves las entrañas. Estás en mi ropa porque me visto de ti, en los regalos de cumpleaños, en cada viaje que hago. Mi primer pensamiento muchas mañanas después de haberme dado una mala noche o al contrario, después de haberme hecho la persona más feliz del mundo.

 

No sé estar en el mundo sin saberme madridista, no sé expresarme sin nombrarte. No puedo vivir sin ti. Te quiero para siempre y sin condiciones, en las buenas y en las malas, siempre a tu lado. Donde tú estés, allí estaré.

Por estas primaveras, por hacerme llegar cada año hasta mayo con las mariposas en el estómago, por no saber qué hacer con estos nervios, ni cómo deshacerme de ellos, ni dónde ponerlos. Sólo tú eres capaz de arrastrar tanta pasión. Sólo tú puedes mover tanta ilusión. El sufrimiento siempre lo compensas con creces. Por esa manera que tienes de hacerme llorar, porque veo a los míos felices de ser de los tuyos, porque te odian tanto que sólo se me puede ocurrir quererte.

 

Ahora que te vas a Múnich a intentar hacer de las tuyas, que bajarás del avión como lo más grande que existe en el mundo; ahora que nos tienen tantas ganas en tantos sitios, que dependen de tu fracaso para confirmar su éxito es el momento de justificar cada soporífero fin de semana a tu lado porque sí, por el mero hecho de sentirte, sin nada que ganar. Ahora es el momento de que me devuelvas, de que nos devuelvas, el apoyo y la peregrinación hasta ti. Ahora que está de nuevo tan cerca la gloria, que naciste para ser siempre de ella, búscala, lúchala, peléala, no te dejes nada dentro porque yo, porque nosotros, no lo hacemos contigo. Te lo damos todo, incluso cuando menos lo mereces. Sal al césped muniqués y muérdelo. Mira a los ojos a esos alemanes y desafíalos. Baja tu mirada a la izquierda de tu pecho y siente el escudo que late encima de tu corazón así como lo siento yo. Hazlo por los que te queremos, hazlo por los que te odian. Ve al encuentro de la gloria.

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