Cornellà recibió al Real Madrid con el sol imperando en el cielo tras unas últimas jornadas coqueteando con el frío característico de finales de septiembre, ése que te hace debatir con tu ángel y tu diablo si coger la chaquetilla para las fiestas de la Mercè. Un calor secante, que no esperaban quizás las treinta y dos mil almas que habitaron el feudo perico durante dos horas. Tampoco sabían que en verdad la tarde iba a ser una metáfora de la transición de estado de forma de Cristiano Ronaldo, que parecía haber pactado clandestinamente con su colega Zeus cómo debían sucederse los tiempos dentro y fuera del terreno de juego. Pese a no marcar desde julio, pese a tener que escuchar el nombre de Messi hasta en Albania, Cristiano resurgió de la mejor manera –y quizás la única- que sabe. Como poseedor de sangre romana que es, estudió el escenario, sabía que la proximidad del río Llobregat al estadio donde el Madrid jugaba su jornada 3 era una baza que jugaba a favor del destrozo que pretendía. Inundar Cornellà de goles, hasta el punto de ahogar a la víctima y convertir el homenaje a Raúl Tamudo, fuego amigo en tiempos pretéritos, en un golpe de estado lusomadridista -herencia patriótica de Salazar, supongo- que disparara la euforia hasta el punto de propulsar al portugués a la cabeza de la lucha por el Pichichi y, de paso, convertirse en el máximo goleador de la historia del Real Madrid en liga.

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El Real Madrid saltó al campo con camisetas de apoyo a los refugiados.

El partido comenzó con el Espanyol exprimiendo el acelerador al máximo, tanteando el terreno de un Real Madrid que como es costumbre en casa de Benítez, restaba ordenado y sereno, escuchando y analizando el plan perico, que se ceñía básicamente en buscar las bandas y los metros de Caicedo, quien buscaba siempre a Pepe en los saltos –como suelen hacer los delanteros de sus características con el luso, por cierto-, amén de honrar aquello que más se admiraba del antes homenajeado Tamudo: intensidad, entrega, lucha y pundonor. Los madridistas entendieron, pues, que la tarde iría de homenajes. Cristiano, Bale y Benzema debieron recordar entre primeras manchas de sudor en la horrorosa segunda equipación madridista que siempre les quedaría Gelsenkirchen, así que prepararon el guateque del que más tarde se proclamaría jeque Cristiano. Bale, arrancando desde dentro, permutaba por entre flancos izquierdos y diestros, mientras que Ronaldo partía hacia el puesto de punta. Isco buscaba siempre aparecer por dentro, sobre todo en transiciones ofensivas veloces, y Benzema se limitaba a hacer gala de su enorme lectura de juego y desplazarse por el verde a través de las interpretaciones que hacía de los movimientos de sus compañeros. Lo que parecía en Gijón un garabato en la libreta de Rafa plasmado en el campo, parecía cobrar su sentido y evidenciaba que la estrategia del técnico parece ser tan malévola como perfecta. Al menos sobre el papel. A pesar de eso, como casi siempre, fue Luka Modric el que disparó primero habilitando a Cristiano de una manera insultante, resbalándose y casi riéndose de la dificultad que supone filtrar un balón entre líneas y milimetrado, para que éste marcara el primero de la tarde. Ronaldo, que a veces decidía empezar desde la izquierda y otras recibía por dentro, perturbaba a tres de los cuatro miembros de la defensa blanquiazul, un déficit defensivo del que sólo se libraba Duarte.  Golpeó a Arbilla y Álvaro González en el primero y cedía el ejercicio a Bale, que se cebaba con el exzaragocista en el segundo apareciendo por el centro. Cuando el portugués y el galés hacían el amago de colarse por el mal gestionado agujero que existía entre los centrales pericos, no lo hacían en balde. En una de ésas, recibió el 11 blanco en situación de ventaja y Álvaro premió la acción mandando a Cristiano al punto de penalti. 0-2. Entretanto, mientras a la rabia del semidiós le acompasaban las nubes extintas durante la hegemonía del insoportable calor previo al partido, destacaba el recurso que utilizaba el Madrid para sacar el balón desde atrás. En un doble pivote formado por Casemiro y Modric, era el croata el que sustituía a Kroos en la labor de salir con el balón jugado entre centrales. Carvajal y Marcelo abrían hasta los límites el campo, aunque los centrales no correspondían el movimiento lavolpiano que parece pretender el Real Madrid. Casemiro, pese a estar más adelantado, no fue tan vertical como quizás busque potenciar Rafa. Volvió a mostrar limitaciones en sus desplazamientos, aunque parece estar a la altura para según qué contextos. Desde luego, para como los de hoy, no parece la opción idónea. Su figura queda algo apartada de la dinámica vertical del Real. A pesar de ello, el Madrid atizaba una y otra vez. Bale recibiendo por fuera en el flanco izquierdo, levantó la cabeza y centró magistralmente hacia el segundo palo. Esta vez fue a Ciani al que se le vieron las costuras y el Madrid ya estaba 0-3. Con las gradas del Power8 refunfuñando, el clásico ui, ui, ui tan catalán, los blancos habían instalado rápidamente su trinchera en tres cuartos y, lo peor para los de Sergio González, los que lanzaban al Madrid eran Gareth y Cristiano. No tardaron en volver a actuar. El cuarto aunó todas las imperfecciones defensivas espanyolistas: Bale recibía y pensaba sólo en tres cuartos y Ronaldo se colaba por entre los centrales. Plácido pase de la muerte para Karim y 0-4 en media hora. El Madrid lo hacía fácil y destrozaba por todos lados. Aunque concedió una tregua de media hora.

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Bale y, sobre todo Cristiano, fueron los mejores jugadores del Madrid.

Tras el descanso, con tres goles en el haber de Cristiano y una asistencia, lo fácil sería calificar su actuación de exhibición -que lo era- y se podría dar su deuda como saldada. Pero no. Es cierto que el calor no acompañaba desde hacía rato al partido, pero no todas las nubes se habían instalado en el cielo. Zeus quería más. Pasados quince minutos de juego en la segunda, el Madrid desempolvó el viejo arma de las contras ejecutadas por expertos que, como aconsejaba Muhammad Ali, volaban como mariposas y picaban como avispas. El mítico kalashnikov madridista. Recibió Bale ahora en la derecha apurando la jugada y Ronaldo resolvió plácidamente otra vez entre centrales, aunque con Ciani fuera ya de escena y el foco alumbrando a Cañas en su lugar. Cuando parecía que el partido ya no podía dar más de sí, Cristiano, que sumaba cuatro más uno, miraba al cielo y con gesto de recelo preguntó gruñendo a su homólogo Zeus qué más quería. Se sobreentendía. Aún le quedaba un capítulo al partido, con Lucas Vázquez haciendo acto de presencia entre aplausos en su antiguo feudo. El gallego, con más bien nulo protagonismo en este arranque de campaña, se estrenaba en liga y tenía la misión de dejar en buen lugar a los extremos puros que se van extinguiendo en el Real Madrid año tras año. El comportamiento de los de Benítez con el dieciocho en el campo no dejó de llamar la atención. Con balón en la zona de medios, e incluso a veces en tres cuartos, Marcelo era quien abría campo por la izquierda mientras que no era Carvajal el que lo hacía por la derecha, sino Lucas. Las diagonales hacia dentro anteriores de Isco no eran oficio del experico. El Madrid se estiraba demasiado horizontalmente y a ratos quedaba un desdibujado 4-4-2 que rápidamente volvía por naturaleza al 4-2-3-1 con Bale por el centro, Isco por la izquierda, Vázquez por la derecha y Ronaldo como nueve. No perjudicaron esos cambios de reconfiguración táctica constante ni mucho menos al Real en los últimos suspiros del partido. Lucas Vázquez fue el mejor jugador ofensivo de los blancos a partir del 75’. Fijaba su posición, pero desbordaba y se marchaba siempre de Víctor Álvarez. Dejó destellos de un enorme extremo, con jugadas que nos hacían rememorar las mejores acciones de Di María por momentos. La pureza de Lucas, por tanto, sólo puede ser positiva para el equipo, que amplía su ya de por sí amplísimo abanico de recursos. En una de esas jugadas del gallego, se marchó de Álvarez, recortó hacia adentro y regaló a Cristiano el último en su cuenta. 0-6 y ahora sí, chispeaba sobre Cornellà. La legendaria rabia de Ronaldo, que pretendía destrozar el caudal del Llobregat, fue necesaria para obtener la complicidad de Zeus, regalando la lluvia, o más bien, el diluvio del final de partido calmando el calor inicial y la sequía goleadora del luso, al fin y al cabo, la casus belli de Cristiano. El alma de este soberbio semidiós se trata, sin ningún tipo de duda, de la más feroz y magnánima que existe en el planeta fútbol.

 

Ficha del partido

XI Espanyol: Pau López; Arbilla, Álvaro González, Ciani (Montañés, 45′), Duarte; Víctor Sánchez (Jordán, 74′), Javi López (Cañas, 45′), Víctor Álvarez, Salva Sevilla; Gerard,  Caicedo.

XI Real Madrid: Keylor Navas; Carvajal, Pepe, Ramos (Varane, 74′), Marcelo; Modric (Kovacic, 55′), Casemiro; Isco, Bale, Cristiano Ronaldo; Benzema (Lucas Vázquez, 62′).

Goles: 0-1, 6′: Cristiano Ronaldo, 0-2, 16′: Cristiano Ronaldo, 0-3, 19′: Cristiano Ronaldo, 0-4, 27′: Benzema, 0-5, 61′: Cristiano Ronaldo, 0-6, 80′: Cristiano Ronaldo.

Amonestaciones: El colegiado Vicandi Garrido amonestó a Álvaro González (15′) y Cañas (65′), por parte del Espanyol; y a Benzema (35′) y Kovacic (65′), por parte del Real Madrid.

Incidencias: En la previa al partido entre Espanyol y Real Madrid, el club local realizó un homenaje a su excapitán y leyenda, Raúl Tamudo, quien efectuó además el saque de honor.

 

Carlos Rojas

@RojasRuin

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