En una entrevista concedida a la revista Vanity Fair, Raúl González ha declarado que se alegra cuando el Barcelona gana una Copa de Europa porque, después de todo, es un equipo español. El que fuera siete del Real Madrid hace esta afirmación como embajador de la Liga Española, un cargo que hay que ocupar desde el protocolo y el “bienquedismo”. Raúl nunca destacó por sacar los pies del tiesto en ninguna entrevista, nunca fue políticamente incorrecto, jamás fue más allá del “sí, bueno, ¿no?”. Madridistas deseosos de encontrar a alguien a quien comparar con Casillas en eso de desearle el bien al máximo rival han encontrado un filón en estas declaraciones del eterno capitán blanco, aprovechando la coyuntura para acercar la figura del que fuera hasta hace poco máximo goleador del Real Madrid con el ahora portero, gracias a Dios, del Oporto. No tienen nada que ver y, a continuación, expongo algunas de las razones por las cuales el señor Raúl sigue estando a años luz, en lo que a madridismo se refiere, de Casillas.

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Raúl hace estas declaraciones, insisto, como ex jugador, ya no sólo del Real Madrid, sino de fútbol. Ahora es embajador de la Liga Española y concede la entrevista bajo ese cargo. Casillas, siendo jugador del Real Madrid, cuando Mourinho consiguió el primer título para el madridismo, que fue eliminar al Barcelona de la Champions League, impidiendo de esta manera que jugaran la final en el estadio Santiago Bernabéu, dijo que estaba triste porque los azulgranas no iban a poder jugar en el campo de todos los madridistas. Para todos fue un alivio que el Inter apeara al Barcelona de la máxima competición europea, fue un alegría inmensa saber que no iban a poder levantar una Copa de Europa en nuestro templo. Para Casillas no. Él estaba triste. ¡Qué pena! A sueldo del Real Madrid y apenado porque sus amigos del país imaginario habían sido eliminados.
Raúl mandó callar a casi cien mil culés en su cara y a millones más en sus casas en uno de los goles más famosos de la historia, con un gesto que ha quedado para los anales del fútbol, una foto que todos hemos guardado alguna vez para mostrarla orgullosos. En una semifinal de la Copa de Europa contra el Barcelona jugó con la ceja rota, chorreándole sangre por la cara y marcando un gol por la escuadra de un zurdazo inapelable. La estirada de Bonano fue en vano. Después de aquello, la Novena esperaba en Glasgow. Se ha roto la cara por el Real Madrid de manera literal, mientras que Casillas simplemente la mostraba para poner la otra mejilla telefoneando a su amigo Xavi para pedirle perdón por intentar ganarle.
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Raúl, en un alarde de genialidad, matiza en sus declaraciones que el Barcelona es un equipo español. Que se alegra de que ganen una Copa de Europa, dice, pero porque son un equipo español. No creo que en Cataluña, esa comunidad autónoma que algunos imaginan como país, haya sentado muy bien esta aclaración. Casillas, en una entrevista concedida a la revisa Papel, de El Mundo, dijo que entiende perfectamente que los catalanes se reivindiquen, aunque preferiría que las cosas siguiesen como están.
Que sí, que Raúl, como Casillas, tampoco le perdonó un céntimo al Madrid. Que sí, que Raúl, como Casillas, también debería haber dejado unos años antes la entidad blanca, pero mientras estuvo, mientras seguía saltando al césped con el escudo en el pecho, lo defendía. Que sí, que seguramente echó a entrenadores, como Casillas. Que sí, que tal vez también Raúl cortó la carrera de otros delanteros en el Madrid, exactamente lo mismo que Casillas hizo con Diego López. La diferencia es que el siete seguía marcando goles y el que portaba el número uno se los tragaba.
Que Raúl es amigo de Guardiola, dicen algunos para justificar de alguna manera la amistad de Casillas con Xavi, pero cuando Raúl se enfrentaba a su amigo lo hacía con todas las de la ley, mientras que Iker, como ya mencioné anteriormente, se preocupaba más de que hubiera paz y de que los jugadores del Barcelona estuvieran contentos que del propio partido. Y luego, si había que vencerse hacia el lado contrario para que Luis Suárez marcara a placer, lo hacía. Si Piqué hacía unas declaraciones mofándose del Madrid, Casillas, en la siguiente concentración de la selección española, se desgañitaba con carantoñas al defensa culé. Y si tenían que reírse juntos después de perder 4-0 contra el Atlético de Madrid, lo hacía también. Sin problemas. Y así, una y otra vez.
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Nunca vi a Raúl, tras fallar un gol cantado, echarle la culpa del error a cualquier jugador de su equipo como por ejemplo hizo Casillas tras su cantada en el Calderón, cuando hizo responsables de ello a Varane y Nacho. No me imagino a Casillas cantando “¡Barsa, Barsa, mierda!”, como hizo Raúl durante la celebración de una Liga. Por esto y por mil motivos más, el madridismo de Raúl González Blanco me representa más que el de Iker Casillas Fernández . Los dos nos dieron tardes de gloria, pero el portero nos quitó mucho más de lo que nos dejó de dar Raúl.
Evidentemente, hubiese preferido que Raúl no hiciera nunca esas declaraciones, que jamás hubiese tenido que leer que le alegra que el Barcelona gane una Copa de Europa. Pero no le creo. Lo manifiesta desde su condición de embajador de la Liga Española, hablando por boca de su trabajo y sin estar ya a sueldo del Real Madrid. Dudar del madridismo de Raúl es como dudar de la buena fe de un árbitro en cualquier partido que juegue el Barcelona. Casillas será madridista, no digo que no, pero su forma de entender el madridismo no me representa.

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