Las rotaciones marcarían el devenir del encuentro entre Deportivo de la Coruña y Real Madrid en Riazor. Zidane, fiel a su idea de rotación en bloque, movió hasta 9 piezas de su puzzle respecto al Clásico del domingo. Y, como viene siendo habitual, le salió bien. La apuesta fue clara, el Madrid iba a basar su plan de juego en su plan de ataque. Con Kovacic como pivote defensivo, Lucas Vázquez y Asensio en bandas, James e Isco más por dentro, y Álvaro Morata en punta de ataque, parecía un todo o nada. Y salió cara.

En el minuto 1 Morata ya había abierto la lata, en el 14 James había aumentado la renta, y en el 20 parecía que el Depor iba a tener que suplicar para no salir destrozado de su propio campo. Con un Isco en estado de gracia, y una actuación notable de Marco Asensio y James Rodríguez, la ofensiva blanca mostró, posiblemente, sus mejores minutos de la temporada. La principal debilidad del Depor de Pepe Mel, que quizás reside en su doble pivote del centro del campo y la distancia con la siguiente línea, fue un camino de rosas para los tres mediapuntas de Zidane que no solo se movieron mucho, sino que lo hicieron bien. El constante intercambio de posiciones, las continuas combinaciones y el propio empuje de unos jugadores que buscan demostrar que merecen más minutos, llevó al Madrid a subir un escalón respecto a las pasadas noches.

Eso sí, como toda gran noche, tras su momento álgido, pasó por un tramo especulante donde, todo lo bueno visto en ataque, quedó en evidencia en defensa. Mateo no es jugador de posición fija, y a pesar de las ayudas constantes de Asensio en el costado de Marcelo, y Lucas Vázquez en el costado de Danilo, el Deportivo supo generar peligro en sus ataques por los costados, logrando en uno de estos, el tanto que les metiera en el partido. Una vez superada la tormenta, llegó la calma, y el Madrid volvió a gustarse. El dominio volvió a ser exclusivo de los pupilos de Zidane, llegando así el tercer tanto, cuarto de la noche.

Tras el descanso, y con un guion muy similar al de los primeros 20 minutos, la propia inercia blanca, guiada por Isco Alarcón, sentenció el encuentro. James firmó su doblete, Isco puso la guinda a su partido, y tras un pequeño bache acusado por Joselú, Casemiro puso el punto y final al encuentro. Un encuentro donde la segunda línea del Real Madrid demostró estar a la altura de las circunstancias, dejando abierta la posibilidad de más rotación dado el tramo intenso que se viene.

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